El peso de los vatios: una factura insostenible
El reciente incremento en la tarifa eléctrica ha dejado de ser una simple cifra en los boletines oficiales para convertirse en un golpe devastador al presupuesto de las familias y la competitividad de las pequeñas empresas. En un panorama económico donde los márgenes de ganancia ya son estrechos y el costo de la vida no cede, encender las luces o mantener en marcha un negocio se ha transformado en un ejercicio de alto riesgo financiero.
Para los comerciantes locales y las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES), el panorama es crítico. Un colmado, una panadería o un taller no tienen la opción de prescindir de la energía: los equipos de refrigeración y la maquinaria son el corazón de su operación. Transferir este costo al consumidor final implica perder clientes o elevar precios en un mercado ya empobrecido; asumir el alza con recursos propios aboca al cierre inminente. Por su parte, la ciudadanía en general observa cómo el pago del servicio eléctrico devora un porcentaje cada vez mayor del salario básico, desplazando necesidades primarias como la alimentación o la salud.
Es urgente que las autoridades reconozcan que la energía no es un lujo, sino un bien público esencial para la producción y el bienestar. Se requieren de forma urgente medidas de mitigación:
Revisión de la estructura tarifaria: Diseñar esquemas de pago progresivos que protejan a los sectores más vulnerables y al pequeño comercio.
Incentivos a la transición energética: Facilitar el acceso crediticio a tecnologías limpias y paneles solares para microempresarios, reduciendo la dependencia de la red tradicional.
Transparencia en el sector: Fiscalizar la eficiencia de las empresas distribuidoras para garantizar que las deficiencias del sistema no se trasladen directamente al bolsillo del usuario.
Sin un alivio real en la factura eléctrica, el motor de la pequeña economía corre el riesgo de apagarse, arrastrando consigo la estabilidad del pueblo dominicano.




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