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El aula como reflejo, no como causa



Atribuir las carencias del sistema educativo dominicano a la presencia de niños y niñas de origen haitiano es desviar la atención del verdadero nudo gordiano. El acceso a la educación es un derecho humano fundamental y la infancia, sin importar su origen ni su estatus migratorio, no puede ser señalada como la responsable de fallas estructurales que arrastramos desde hace décadas.

El verdadero desafío radica en las deficiencias históricas de la infraestructura escolar y en la lentitud para modernizar los métodos de enseñanza. A pesar de contar con mayores recursos presupuestarios en los últimos años, persisten aulas superpobladas, planteles en condiciones precarias y una marcada brecha digital y pedagógica que frena el aprendizaje de todos los estudiantes por igual.

La solución no pasa por la exclusión, sino por la reforma integral. El sistema educativo necesita actualización curricular, formación docente continua, espacios dignos y una gestión eficiente que responda a las exigencias del siglo 21. Señalar a la niñez migrante solo oculta la urgente necesidad de construir una escuela dominicana moderna, inclusiva y con capacidad de garantizar calidad para todos.

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