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Ni una muerte más; es hora de parar la violencia


La sociedad dominicana se encuentra en un punto de inflexión asfixiante. Los trágicos hechos de los últimos días no solo llenan las páginas de los diarios con luto, sino que desgarran el tejido social de una nación que no puede, ni debe, acostumbrarse a convivir con el miedo.

Cada vida truncada en un atraco, cada discusión de tránsito que termina en tragedia, y cada feminicidio que deja niños en la orfandad es un grito de alarma que nos obliga a mirarnos al espejo y preguntarnos: ¿en qué momento perdimos el rumbo?

Detener las muertes violentas en la República Dominicana ya no es una tarea que se pueda postergar con promesas burocráticas o parches temporales. Exige una profunda e inmediata reflexión colectiva, pero, sobre todo, acciones contundentes.

Si bien es cierto que la seguridad ciudadana requiere una reforma policial efectiva, con agentes mejor depurados, tecnificados y distribuidos, la raíz de la violencia es mucho más profunda. No se trata solo de un asunto de "policías y ladrones"; nos enfrentamos a una crisis de convivencia.

La agresión verbal y física se ha convertido en la primera respuesta ante el menor conflicto cotidiano.

La violencia intrafamiliar y las riñas por motivos triviales generan hoy en día casi tantas muertes en el país como la delincuencia común. Esto evidencia que el enemigo no solo está en las calles, sino a veces bajo el propio techo.

No podemos permitir que el conteo de cadáveres se convierta en una fría estadística matutina. La paz no es la ausencia de conflictos, sino la capacidad de manejarlos sin recurrir a las armas o a los puños.

El Gobierno tiene la responsabilidad constitucional de garantizar la vida de sus ciudadanos, pero la familia, las iglesias, las escuelas y los medios de comunicación tenemos la obligación de rescatar el valor del respeto al prójimo.

Hay que parar la violencia ya. Mañana puede ser tarde, y la próxima víctima podría ser cualquiera de nosotros. Es momento de reaccionar, desarmar los espíritus y reconstruir la paz que la República Dominicana merece.

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