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Barahona se asfixia entre sargazo y promesas


La paciencia de los barahoneros tiene un límite, y hoy ese límite se mide en la intensidad del hedor que emana de la playa Casita Blanca. Lo que debió ser una postal turística de la «Novia del Caribe» se ha convertido en un foco de contaminación insoportable. El sargazo, esa plaga marina que año tras año azota nuestras costas, ha encontrado en este litoral el escenario perfecto para su descomposición masiva, ante la mirada indiferente de las autoridades.

El panorama en Casita Blanca no es solo un atentado visual; es una crisis multisectorial que exige una respuesta contundente e inmediata. No podemos seguir tratando el problema del sargazo como un evento fortuito de la naturaleza cuando se ha convertido en una emergencia periódica y predecible.

La acumulación y pudrición de este material en una de las entradas principales de la ciudad no es un asunto que deba resolverse con brigadas improvisadas de fin de semana. Aquí se necesita la intervención coordinada de tres ejes fundamentales del Estado.

Ministerio de Medio Ambiente: Es urgente el despliegue de equipos pesados y técnicos especializados para la remoción del sargazo de manera que no se destruya la golpeada línea costera, además de agilizar la colocación de barreras retenedoras eficaces.

Ministerio de Turismo: Barahona no puede venderse como el «Destino Ecoturístico del Sur» mientras sus playas despiden un olor nauseabundo que ahuyenta tanto a los locales como a los visitantes. La inversión en la zona debe incluir la mitigación de este desastre ambiental si de verdad se quiere rescatar el valor turístico de la provincia.

Ministerio de Salud Pública: El ácido sulfhídrico y el amoníaco liberados por el sargazo descompuesto ya están provocando problemas respiratorios, dolores de cabeza e irritación ocular en los residentes de las zonas aledañas. Salud Pública debe intervenir para evaluar el impacto sanitario y presionar por el retiro inmediato del foco de contaminación.

La advertencia es clara: El sargazo podrido en Casita Blanca no es solo un problema de estética playera; es un atentado contra la salud de la gente de Barahona y un freno de mano para su desarrollo económico.

El ayuntamiento local y las gobernaciones provinciales no cuentan con la logística ni el presupuesto para enfrentar este monstruo por sí solos. Dejar a Barahona sola con este hedor es condenarla al olvido. Los ministerios correspondientes deben abandonar la burocracia de los escritorios en la capital y actuar en el terreno. La brisa marina de Casita Blanca debe volver a oler a sal, no a la podredumbre de la inacción estatal. Actúen ya.

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