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¿Se encamina la humanidad hacia una monarquía global al estilo: “made in USA”?




El movimiento “neo reaccionario”, que toma cuerpo en la dirección de varias naciones importantes, incluyendo a Estados Unidos, y otras medianas y pequeñas, están haciendo colapsar el vigente orden mundial, que se instauró en el mundo después de la II Guerra Mundial, y la desaparición de la Sociedad de Naciones en el año 1946.

Muy a pesar de que EE.UU., la URSS, China y Reino Unidos (los llamados: Cuatro Grandes) unieron fuerzas para enfrentar al “Eje del Mal”, que integraron Alemania, Italia y Japón, luego de superados los reflejos del conflicto, se conformaron en dos ejes de poder: por un lado el G7, formado por Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón, liderado por Estados Unidos, que tiene como sustento militar a la Organización del Tratado Norte, -OTAN-; y por el otro el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAMECON) ya desaparecida, que integraron Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Alemania Oriental (RDA), Albania; y luego se extendió a Mongolia, Cuba y Vietnam hasta su disolución en 1991, que tuvo como base militar al Pacto de Varsovia.

Ambos bloques de fuerza trataron por todos los medios de imponer y extender su autoridad en los 5 continentes, para lo cual invirtieron montañas de dólares en sostener esas poderosas estructuras militares. Ese juego de poder fue denominado como: “Guerra Fría”, que además tuvo un costo humano indescriptible, genocida y perverso. Pero sin embargo, dieron paso a la creación de la Organización de las Unidas (ONU).

De ahí que el 25 de abril del 1945 nace esta institución en la ¡Conferencia de San Francisco!, con la presencia de 50 estados, y Polonia que se adhirió después, para conformar una matrícula de 51, con su sede en la ciudad de Nueva York, EE.UU.

La ONU se sustenta en principios como preservar a la humanidad del flagelo de la guerra; mantener la paz y seguridad internacional; fomentar la igualdad soberana; respetar los derechos humanos y la cooperación internacional.

El vigente orden mundial está integrado por una compleja red de actores estatales y no estatales que interactúan en un sistema de poder asimétrico y en transición. Los principales jugadores son estados centrales y las grandes potencias, organizaciones internacionales, corporaciones multinacionales, y actores transnacionales como ONGs y hasta grupos terroristas.

Estados Unidos, China y la Unión Europea controlan el rumbo económico y político de la ONU; Rusia y otras potencias emergentes desafían ese orden liberal, creando estructuras de “contrapoder”.

Además, juegan organizaciones Internacionales, multilaterales, el Banco Mundial, la OMS, la propia OTAN, que en sus esferas imponen las políticas globales, aunque enfrentan crisis de legitimidad.

También juegan empresas multinacionales, corporaciones globales, que por sus exorbitantes ingresos y capacidad de operaciones transnacionales, influyen en la política y la economía mundial.

Actores no estatales, transnacionales, ONGs (como Greenpeace o Amnistía Internacional), grupos terroristas, y redes financieras que ejercen influencias en la seguridad y normas internacionales.

Ahora bien!, en este esquema, que lógicamente controla Estados Unidos, ¿por qué se empecina en torpedear el sistema, y hasta en algún momento se ha negado a cumplir con su cuota financiera, que es el sustento principal de las operaciones de esas instituciones y otros organismos de base?

¿Por qué se tambalea el orden global vigente, si la ONU cuenta con todos los factores que hicieron colapsar la extinta Sociedad de Naciones, como fue la ausencia de Estados Unidos, falta de fuerza militar propia, para imponer sus decisiones; ineficacia ante las agresiones de las potencias fascistas en los años 30; un débil sistema de seguridad colectiva y la posibilidad de abandono por los miembros, impidió evitar la Segunda Guerra Mundial.

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