La sed de Barahona: La inaceptable indiferencia de INAPA
El agua no es un lujo, ni un favor político, ni una promesa de campaña para reciclar en cada ciclo electoral; el agua es un derecho humano fundamental. Sin embargo, para miles de familias en los sectores Los Guandules, La Raqueta, Palmarito, Camboya, Casandra, El Alfa, Don Bosco y Río Chil, abrir la llave y ver fluir el líquido vital se ha convertido en una utopía frustrada por la desidia oficial.
La paciencia de estos sectores se ha agotado, y con toda razón. No se trata de comunidades pidiendo obras suntuarias o proyectos secundarios; se trata de hombres, mujeres y niños que exigen la terminación de los acueductos en construcción, obras que han quedado atrapadas en el limbo de la burocracia, los retrasos injustificados y las promesas incumplidas del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados y el Gobierno Central.
Es indignante ver cómo el discurso oficial habla de modernización e inversión histórica en infraestructura, mientras en los barrios vulnerables de Barahona la gente debe recurrir a la compra de tanques de agua a precios exorbitantes o depender de camiones cisterna que operan de manera irregular. ¿Hasta cuándo se pretende que estas zonas sobrevivan en el abandono?
La dejadez con la que se ha manejado la culminación de estos acueductos no solo refleja una preocupante falta de gerencia, sino una alarmante falta de empatía hacia las necesidades más básicas de la población. Cada día de retraso en estas obras es un día más de precariedad económica para estas familias y un riesgo constante para la salud pública.
El contraste es insostenible: mientras se anuncian grandes presupuestos, los trabajos en Los Guandules, Camboya, La Raqueta y demás sectores avanzan a paso de tortuga o se encuentran paralizados sin una explicación transparente.
Los comunitarios han levantado su voz en un reclamo legítimo y pacífico, pero urgente. INAPA no puede seguir respondiendo con evasivas ni el Gobierno Central puede mirar hacia otro lado.
Gobernar es priorizar, y priorizar es atender las necesidades vitales de la gente. El pueblo de Barahona ya no quiere más discursos ni primeros picazos protocolarios; exige hechos, exige respeto y, sobre todo, exige agua en sus hogares ya.






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