¿Soberanía en Venta o Cooperación Estratégica?
La reciente suscripción del Memorando de Entendimiento (MOU) entre el Gobierno de la República Dominicana y los Estados Unidos marca un hito en la política exterior dominicana que, bajo el velo de la "cooperación en seguridad", levanta profundas interrogantes sobre la autonomía nacional.
El acuerdo, que permite el ingreso "temporal" y "excepcional" de deportados de terceros países procedentes de la nación norteamericana, sitúa a nuestro país en una posición inédita: la de estación de tránsito para las políticas migratorias de una potencia extranjera.
El Riesgo de la "Temporalidad"
El término "temporal" es, históricamente, una de las palabras más elásticas en el lenguaje diplomático. Aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX) asegura que el proceso contará con respaldo financiero de Washington y que no incluye a nacionales haitianos ni a menores no acompañados, la realidad operativa suele ser más terca que los protocolos.
¿Qué garantías existen de que estas estadías no se prolonguen indefinidamente ante la burocracia de los países de origen?
¿Cuál es la capacidad real de nuestras instituciones para supervisar un flujo migratorio ajeno mientras lidiamos con nuestra propia crisis fronteriza?
Una Moneda de Cambio Geopolítica
Resulta llamativo que la firma de este memorando coincida con la designación por parte del Estado dominicano del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y de Hezbolá como organizaciones terroristas. Si bien la lucha contra el terrorismo es una causa global legítima, la simultaneidad de estos anuncios sugiere una alineación total con la agenda de seguridad de la actual administración estadounidense.
Esta "alineación estratégica" parece ser el precio a pagar por el blindaje diplomático o el apoyo tecnológico en las fronteras. Sin embargo, convertir el suelo dominicano en un apéndice de la logística de deportación de los Estados Unidos —un modelo ya exportado a países de África y otras regiones— es un precedente peligroso.
La Falta de Transparencia
La crítica de diversos sectores de la oposición y de expertos en derecho internacional sobre la opacidad del acuerdo es válida. Un compromiso de esta magnitud, que involucra el uso de infraestructura nacional y el ingreso de extranjeros bajo custodia, no debería gestionarse como un simple trámite administrativo de carácter "no vinculante". La soberanía no solo se ejerce defendiendo los límites geográficos, sino también protegiendo la facultad del Estado de no verse involucrado en conflictos o gestiones migratorias que le son ajenas.
El Gobierno dominicano debe caminar con pies de plomo. La cooperación con nuestro principal socio comercial es vital, pero no debe confundirse con la claudicación de la discrecionalidad territorial. República Dominicana no puede, ni debe, convertirse en el "patio trasero" de las crisis migratorias que Washington no desea resolver en su propio suelo. La transparencia total y el respeto irrestricto a la soberanía deben prevalecer por encima de cualquier promesa de financiamiento externo.









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