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Separar el trigo de la cizaña




Cuando se escribe por largo tiempo, terminamos por enfocar temas que se convierten en reiterativos. Razón por la cual me veo en la obligación de recordar lo que decíamos hace años, procurando, no solo llamar la atención en lo que vivíamos en aquel entonces, sino también, vivenciar que muchas veces observamos lo de hoy, pero olvidamos el ayer. 

Vemos las consecuencias, pero olvidamos las causas. Porque hay una tendencia humana a aceptar las cosas, incluso las modas, porque quien no lo hace corre el riesgo de ser señalado como inadaptado.

Algunos piensan, de manera equivocada, que la mayoría de la gente desconoce o no se da cuenta de lo que ha ocurrido por años y que no se preocupan por comparar el antes con el ahora. 

Suponen, equivocadamente, que la gente común y corriente, por el hecho de no pertenecer a grupos selectos de la sociedad, desconocen lo que ocurre a su alrededor y en otras esferas.

Los pueblos tienen muchas formas de ver y enfocar las cosas. Simulan, pero en el fondo, de alguna manera se percatan entre lo bueno y lo malo, entre lo normal y lo dudoso. Conocen cuando las personas han actuado bien o de manera inadecuada.

Cuando de forma rápida se convierten en empresarios, comerciantes, políticos o funcionarios exitosos. Cuando pasan de manera sospechosa a ser “celebridades”. Muchos no se dan cuenta de que los choferes, guardianes privados, serenos, policías, servicio doméstico, los que siendo militares prestan servicios a los del sector privado o a los funcionarios, los mozos de los restaurantes, los cuidadores de vehículos, los llamados delivery, y los miles y miles de personas que realizan labores en los diferentes lugares, ven a los que entran y salen y perciben lo que acontece. Saben todo lo que se mueve en las áreas donde se desenvuelven. 

De cómo eran antes y como cambiaron en corto tiempo. Saben o intuyen los tipos de contactos entre gente de bien, pero también con los que no tienen tan buena reputación. 

El que crea que puede hacer de todo y que no se va a saber, ha vivido equivocado. La gente tiene cierto grado de discrecionalidad, pero ve y oye cosas que les permite formarse ideas. Igualmente, cuando saben de algunos personajes que exhiben bienestar económico o ínfulas de poder, pero han tenido un pasado poco honorable. 

Desde hace años la gente comenzó a dudar acerca de las condiciones que se requieren, para que personas y negocios puedan pertenecer a las organizaciones empresariales o entidades sociales, pues la intuición o la sabiduría popular entendió, que solo se requieren requisitos como: mostrar recursos económicos, comprar, vender o saber si pueden pagar sus cuotas. Sin percatarse de comportamientos éticos o morales

Por décadas he expresado que, como la corrupción es un mal moral y social, cuando algunas formas de proceder se generalizan y se aceptan en los segmentos altos de la sociedad, a la gente perteneciente a la clase media, pero sobre todo a las capas bajas, probablemente confundidos, pudiera no causarle tanto prurito cuando se habla de corrupción. 

Por tales razones, el tema de la corrupción siempre debe enfocarse dentro del marco de lo ético, moral y legal. Como dice la Biblia: separar el trigo de la cizaña.

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