País de héroes
Se llama José Roberto Sánchez, 37 años, padre de cinco niños que viven repartidos, porque los 14 mil pesos que cobra no alcanzan para que vivan juntos. El mayor Sánchez, del Cuerpo de Bomberos de Los Alcarrizos se convirtió esta semana en uno de los héroes de la República Dominicana que no reciben ni el favor ni la atención del pueblo ni del Gobierno.
Actuó de manera automática, en él se impusieron el deber, el valor, la nobleza, el compromiso y su sentido humanitario, primaron cuando escuchó la voz de una mujer, clamando por auxilio.
No vaciló en arrojarse al agua sin más auxilio que su bondad de corazón, mientras un arroyo crecido de golpe, multiplicadas sus aguas por la furia de un sorpresivo y agresivo temporal de granizos y un viento huracanado, asolaba la zona. En algún texto de Juan Bosch leí hace décadas esta frase: “el héroe es el artista de la acción”.
Las aguas y el viento que ahora castigan seguido nuestro territorio, como parte del cambio climático, son dañinos y si no estamos preparados, nos darán duro y cobrarán vidas humanas, animales y destruirán propiedades.
En medio de la destrucción, cuando los más se arrinconan y buscan seguridad, José Roberto Sánchez y los miles de voluntarios de Defensa Civil, Cruz Roja, Bomberos y los efectivos de las Fuerzas Armadas y la Policía, combaten con sus mejores armas, para prevenir los problemas de los desajustes de la naturaleza.
Hoy vivimos en una sociedad expectante por la condición de salud del estelar beisbolista Juan Soto, noticia que se mantendrá viva mientras la página de la hazaña de José Roberto Sánchez ya fue pasada y apocada por cualquier pendejada.
Hoy, los maestros son “profesores” cuya única preocupación parece ser lograr ventajas: mejores sueldos, planes de viviendas, salud, retiro, sin que importe la calidad y el contenido de la enseñanza. José Roberto Sánchez es un héroe, un trabajador por la vida y por la paz que merece una vida mejor, por lo menos ver crecer a sus hijos bajo un mismo techo digno.
No es el único dominicano que merece una vida mejor, su conducta, su sentido humanitario, su valor, lo hacen merecedor de un premio a su amor por el prójimo demostrado, una vez más, al rescatar a María Peralta Ortiz y su esposo Miguel Montaño de las aguas crecidas, turbulentas y desatadas del arroyo Lebrón.
A propósito, es responsabilidad del gobierno nacional y de los gobiernos municipales impedir la construcción de viviendas en zonas precarias, expuestas, que invitan a la tragedia. ¿Cuándo cumplirán con su deber?








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