¿Por qué hablar de mujeres migrantes es acción feminista? El legado de Millizen Uribe y Gelen Gil
Hablo de millones de mujeres que cruzan fronteras —muchas veces sin documentos, casi siempre sin reconocimiento— para limpiar casas ajenas, cuidar hijos e hijas que no son suyos, alimentar a las personas de la tercera edad en países que no las quieren pero que no pueden funcionar sin ellas.
¿Verdad que estamos hablando de nuestras mujeres dominicanas, en Estados Unidos y Europa, principalmente? ¿Acaso no es el trabajo que están haciendo muchas mujeres haitianas y venezolanas, mayormente, en nuestro país?
Hablar de ellas es feminismo. Y esa una de las razones por la cual Migrantes, el programa de temporada producido por Helen Gil y conducido por Millizen Uribe, constituyó un paso de avance en colocar en la conversación nacional el tema, matizado con testimonios de quienes han llegado a nuestras tierras y contribuido a crear el país que tenemos.
Un programa actualmente feminista, pues las migraciones contemporáneas se han feminizado de manera acelerada.
Las mujeres ya no migran como acompañantes de un proyecto masculino: migran solas, como proveedoras, como jefas de hogar, como sobrevivientes de violencia, que por más lejos que lleguen para concretar sus sueños no olvidan a quienes dejaron en este país.
Sí, miremos hacia la República Dominicana que recibió US$1,870.4 millones en remesas solo entre enero y febrero de 2026, según el Banco Central. El 83.4% provino de Estados Unidos. La diáspora dominicana supera los 2.8 millones de personas, y de ese total, el 53.4% son mujeres.
Leamos esa cifra otra vez: más de la mitad de quienes envían dinero desde el exterior para sostener familias, pagar escuelas, cubrir medicinas y levantar techos son mujeres. Mujeres que trabajan jornadas dobles y triples. Mujeres que cuidan a los hijos y las hijas de otros mientras los suyos crecen con una videollamada como abrazo. Mujeres que son, en la práctica, el ministerio de economía de sus hogares.
Como bien ha señalado la especialista en migraciones Elisabeth de Puig, la República Dominicana es simultáneamente emisora masiva de migrantes femeninas y receptora de mujeres haitianas, cuyo destino refleja el lugar subordinado que las mujeres migrantes suelen ocupar en las sociedades receptoras. Es una cadena de precarización que se reproduce en cada frontera.
Y, sí, responderé a la pregunta: ¿por qué hablar de esto es feminismo? Porque el feminismo que no mira a la mujer migrante es un feminismo incompleto, que invisibiliza el trabajo reproductivo que sostiene al capitalismo global; sería callar ante las cadenas globales de cuidado, donde la liberación laboral de unas mujeres se construye sobre la explotación de otras.
Sería negar, además, que el feminismo dominicano, en su génesis, se avivó, se alimentó de las migrantes de Puerto Rico, recordando las contribuciones a la revista Fémina y a las veladas donde se abordó la primera ciudadanía de mujeres realizadas por María Luisa Agnelis de Canino y María Más Pozo; y la corta estadía, pero apremiante, de la declamadora Eusebia Cosme, de Cuba, en nuestra patria.
Hoy, el discurso feminista se redirige hacia la regularización laboral, acceso a seguridad social, reconocimiento del trabajo de cuidados como trabajo productivo, y políticas migratorias que dejen de tratar a las mujeres como mano de obra descartable.
Nombrarlas es el primer paso, y es lo que ya empezaron a realizar Millizen y Helen, por lo cual han recibido un merecido Soberano. Ahora bien, transformar las condiciones que las empujan a migrar es el único destino aceptable por el cual debemos continuar.







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