Sincerar la educación
En una ocasión me encontraba en las oficinas de la escuela de postgrado de una prestigiosa universidad del país. Visitaba un representante de una importante universidad francesa y conversaba con el coordinador nacional.
Recuerdo que revisaba el reporte de notas reportadas en una maestría, y el visitante preguntó: ¿pero serán genios?, solo veo calificaciones en A y B. Con esto comienzo esta reflexión, en este desarrollo entenderá la correlación.
Aunque no existe un consenso con la idea de fusionar los ministerios de educación y educación superior, me parece que sincerar la gestión de educación en el país vale la pena.
La proliferación de universidades y las camadas de profesionales que anualmente salen a las calles con un título universitario es amplia y muchos de los egresados presentan debilidades importantes en materia de lectoescritura, capacidad investigativa, redacción y juicio crítico.
Los profesores que se han visto en la oportunidad de facilitar procesos de aprendizaje en escuelas de grado y post grado en el país, se encuentran claramente con una real necesidad, para que bachilleres reciban una neo alfabetización, se formen realmente y sumen atributos clave para el desarrollo de competencias profesionales, técnicas y del pensamiento crítico e investigativo.
Y otros que ya son profesionales y optan por post grados y maestrías, no lleguen con esas carencias, y realmente puedan representar un valor agregado plausible a la sociedad dominicana.
Pero en muchos casos lo importante es pasar, lograr el título, engancharlo en alguna pared y listo. Luego poner en práctica lo aprendido, va quedando en el olvido. ¿Cuántas personas han logrado un título académico y jamás se han convertido en expertos o han desarrollado una actividad profesional relacionada con lo estudiado?
Las debilidades son vastas y provienen desde los estudios primarios, secundarios. Pero las lagunas también invaden las aulas universitarias y hasta de maestrías.
No se trata solamente del acervo cultural pobre en un porcentaje importante de participantes, sino también debilidades importantes en materias que son valoradas mundialmente, tales como las matemáticas, historia, lengua española y otros temas que enriquecen el conocimiento de las personas. La mayoría nunca aprendió a aprender.
Si nos ponemos a mirar detenidamente cuales han sido los avances reales en la materia educativa del país, tiene sentido pensar que no se justifica la inversión que se realiza con el famoso 4%, pues los resultados dejan mucho que cuestionar.
No se trata del número de personas que terminan un bachillerato, o estudios universitarios o de post grado. Se trata del rigor académico que está quedando cuestionado, convirtiéndose el tema de educación superior y de post grado, en un negocio, donde al parecer un título tiene un precio, independientemente del saber pensar, hacer, decidir, reflexionar.
Basados en los criterios de la profesionalización de la gestión docente, y de la apropiación de cada docente de los métodos adecuados para facilitar el proceso de enseñanza aprendizaje, luce ser que las oportunidades de mejora son amplias y por lo tanto, los resultados también van acordes a estos esquemas de coparticipación en el aprendizaje.
Pero también entran en juego, las políticas institucionales que son las que aportan las reglas de juego para imponer el adecuado rigor académico y científico en esa búsqueda del conocimiento.
Cuando vemos estas dos líneas paralelas en materia educativa, es muy cuestionable que se destinen tantos recursos en función del PIB a la educación, y que los resultados tengan tan baja calidad. Partiendo de esta premisa, y salvando las excepciones que con toda certeza las hay, es muy seria y lógica la propuesta de fundir los dos ministerios.
Y para ser históricamente consistentes, proponemos la moción de que exista dentro del ministerio de educación, una dirección general o nacional de educación superior, y que tenga la facultad de manejar su presupuesto. Para esto sería necesario modificar la ley de educación vigente.
No debemos olvidar que un nuevo punto de inflexión ha llegado y que impacta necesariamente todo el proceso de enseñanza aprendizaje. Y este elemento disruptivo es la inteligencia artificial.
Que desde el punto de vista del aprendizaje, lo veo más bien como un medio, no un fin en sí mismo, aunque aprender a utilizar la herramienta para la búsqueda de informaciones relevantes, o hasta de opiniones que podrían ser oportunas, no estaría de más, para enriquecer el conocimiento, ya que nunca se termina de aprender.
Normar o establecer reglas de juego claras y que puedan ser verificables para asegurar el desarrollo del intelecto de los estudiantes, aunque estos tengan cercanía a la inteligencia artificial, quedará siempre como un reto.
Quien debe aumentar su acervo cultural es el estudiante y convertirse en una persona con visión holística, sistémica, estratégica, técnica, un profesional experto en su área del saber, que pueda aplicar conocimientos, para prevenir y solucionar problemas o para dotar de un servicio de excelencia y calidad.
Lograr esto, implica necesariamente un proceso de profesionalización personalizado. No se trata de la sustitución del hombre por una maquina, sino de la utilización de los medios disponibles, para el enriquecimiento de nuestro saber.
Y contar con las herramientas necesarias para lograr una aplicabilidad eficiente, eficaz y tendente a brindar excelencia en nuestras realizaciones.
Sin embargo, el mismo hecho de que se puede contar con modelos de IA que colaboren seriamente en el proceso de enseñanza aprendizaje a todos los niveles formativos, también invita a pensar, en la necesidad de fundir dos caminos en uno solo, que será el que guiara a nuestros alumnos, a lo largo de su vida académica, desde los primeros años hasta el título universitario.
Sincerar la educación en nuestro país, es algo más que un reto, es una necesidad que redundará en beneficios colectivos, incluyendo lógicamente, en el uso más racional de los recursos disponibles y el logro de resultados de mayor calidad en los procesos educativos.




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