La política monetaria frente a sus propios límites
El mandato principal del Banco Central es claro: preservar la estabilidad de precios, tal como establece el artículo 2 de la Ley Monetaria y Financiera 183-02. Sin embargo, en la práctica, cumplir ese objetivo se vuelve cada vez más complejo en un entorno donde los instrumentos tradicionales pierden efectividad.
Desde junio de 2023 la autoridad monetaria activó una política expansiva. Solo ese año liberó RD$205 mil millones en liquidez. Aun así, la economía creció apenas 2.2% y las tasas de interés no reaccionaron con la intensidad esperada. En 2024 el crecimiento repuntó a 5.0%, impulsado en buena medida por los estímulos previos y otros aplicados a finales de ese año. Pero nuevamente las tasas mostraron una resistencia notable a la baja.
La Tasa de Política Monetaria (TPM) pasó de 8.5% en mayo de 2023 a 5.25% en noviembre de 2025. En teoría, esa reducción debía traducirse en menores costos de financiamiento. En la práctica, la transmisión ha sido parcial. Mientras la tasa pasiva promedio ponderada cayó 362 puntos básicos, de 9.55% a 5.93%, la tasa activa apenas descendió 161 puntos básicos, de 15.20% a 13.59%.
La consecuencia es evidente: el crédito en moneda nacional crece apenas 8.4% a enero, lejos de las expansiones históricas de dos dígitos. Si se descuenta el crecimiento nominal del producto, el aumento real ronda apenas 1.2%. Es decir, el impulso monetario pierde potencia antes de llegar plenamente al sector productivo.
Aquí aparece la primera gran limitación: la erosión del mecanismo de transmisión de la política monetaria, advertida incluso por la misión del FMI en su revisión del Artículo IV. Reducir la TPM ya no garantiza un abaratamiento proporcional del crédito. Y aumentar la liquidez podría reavivar presiones inflacionarias o cambiarias.
El frente cambiario también impone restricciones. Entre 2004 y 2019 el país experimentó una depreciación anual promedio cercana al 3.0%, dentro de parámetros relativamente predecibles. Pero el año pasado se registraron episodios atípicos de depreciación anualizada de hasta 7.0%, seguidos por una apreciación acelerada. De cerrar diciembre en 63.64 pesos por dólar, el mercado spot ronda esta semana los 60.90 (aunque usted debe pagar más de 62 para pago de tarjetas o transferencias).
Esa volatilidad genera oportunidades de arbitraje que benefician a quienes cuentan con suficiente liquidez e información oportuna, pero introduce incertidumbre para la planificación empresarial.
A esto se suma la inflación. Aunque se mantuvo dentro del rango meta desde mayo de 2023, volvió a acelerarse desde julio pasado. Cerró 2025 en 4.95% y en enero alcanzó 4.98%, prácticamente en el techo del rango meta (4.0% ±1.0). Más preocupante aún es el comportamiento de los alimentos y bebidas no alcohólicas, con una inflación de 7.96%, difícil de explicar únicamente por demanda, oferta o tipo de cambio.
En este contexto, el Banco Central enfrenta un delicado equilibrio: estimular sin desbordar la inflación, estabilizar sin comprometer la credibilidad del régimen cambiario y sostener el crecimiento sin erosionar la confianza.
Las presiones inflacionarias podrían ser transitorias, especialmente en alimentos. Pero la prudencia aconseja reforzar la credibilidad del esquema de metas de inflación. Llevar la inflación hacia la mitad del rango meta no es solo un objetivo técnico; es una señal necesaria para anclar expectativas y reducir la volatilidad cambiaría.
La política monetaria no está agotada. Pero sí enfrenta límites más estrechos que en el pasado




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