El Clamor de Barahona y la Deuda del Jaime Mota
El Hospital Regional Universitario Jaime Mota, principal centro de salud de la Región Enriquillo, atraviesa un momento crítico que no puede ser ignorado por más tiempo.
Lo que debería ser un santuario de esperanza y sanación para los residentes de Barahona y provincias aledañas, se ha convertido, según las crecientes denuncias ciudadanas, en un escenario de deficiencias sistémicas y falta de humanidad.
Las quejas no son casos aislados. Los usuarios reportan de manera constante largas esperas que agravan cuadros clínicos delicados; escasez de insumos básicos, obligando a familias de escasos recursos a costear desde gasas hasta medicamentos y trato inadecuado por parte de una fracción del personal, que empaña la labor de aquellos que sí intentan trabajar con ética.
Un hospital regional no puede operar bajo el esquema de la precariedad. No se trata solo de infraestructuras modernas o equipos de alta tecnología —que son necesarios—, sino de la calidad en la gestión y el seguimiento humano. La salud es un derecho fundamental, no un favor que se concede a discreción de la burocracia.
Es urgente que el Servicio Nacional de Salud intervenga de manera efectiva, no con promesas de «revisión», sino con auditorías de servicio y el fortalecimiento de la nómina médica y de enfermería.
La población de Barahona merece un hospital que responda a su nombre con dignidad y que el Jaime Mota deje de ser noticia por sus carencias para serlo por su excelencia.




No hay comentarios