Apagones de EDESUR matan al emprendedor
Abrir un negocio exige valentía, recursos y una dosis enorme de fe en el futuro. Sin embargo, cuando la luz se va varias veces al día, la visión emprendedora choca de frente contra la frustración. Ningún plan de negocios resiste la incertidumbre constante.
Los apagones no solo apagan lámparas; congelan la productividad. Una heladería pierde su mercancía, un taller interrumpe sus entregas, una agencia pierde proyectos por falta de internet y una pequeña cafetería ve cómo sus clientes se van sin consumir. Para quien apenas comienza, una máquina dañada por una bajada de tensión representa un golpe financiero devastador.
El costo verdadero del colapso energético va más allá del recibo de luz. Implica invertir en plantas eléctricas, combustible y protectores de voltaje, gastos extraordinarios que asfixian el flujo de caja. Lo que debió destinarse a contrataciones o expansión, termina gastándose en sobrevivir a la falta de servicios básicos.
Emprender en estas condiciones se convierte en una carrera de obstáculos innecesaria. Si la sociedad busca innovación, empleo y dinamismo económico, la garantía de un suministro eléctrico estable no es un lujo, sino el piso mínimo para que las ideas de la gente talentosa prosperen.





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