El arte de la magia financiera: Vivir con 29 mil pesos donde se necesitan 50 mil
La matemática económica en la República Dominicana desafía la lógica. Mientras el costo promedio de la canasta básica familiar ronda los 50 mil pesos, como establecen los datos del Banco Central, un sueldo promedio de 29 mil —que para muchos es un logro— se queda corto. Faltan 21 mil pesos que ninguna explicación oficial logra cubrir.
Ir al supermercado se ha vuelto un ejercicio de sacrificio, donde se compra lo que llena, no necesariamente lo que nutre, mientras el costo de trasladarse sigue en aumento.
Al llegar a salud o educación, el salario ya se ha esfumado. Es ahí donde el dominicano recurre a la economía del remiendo: el pluriempleo, el «fiao» en el colmado (o préstamos informales) y el auxilio de las remesas.
Vivir en déficit permanente no es solo un problema de bolsillos; es un desgaste emocional y de salud mental para las familias.
Aunque se han registrado reajustes al salario mínimo, el crecimiento económico del que goza el país no se refleja en el poder adquisitivo real de la gente. No se trata solo de decretar aumentos que afecten a las pequeñas empresas, sino de *bajar el costo de la vida* y mejorar unos servicios públicos que hoy obligan al ciudadano a pagar doble por salud y educación.
Mientras la canasta básica siga duplicando los ingresos reales, la estabilidad social dependerá de la capacidad de malabarismo del trabajador dominicano. Un truco que, lamentablemente, ya no da para más.






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