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La base olvidada del 4%: El drama de vivir con sueldos de miseria en las escuelas




Por: José Corniell L.-

​Mientras las grandes cifras del presupuesto educativo dominicano suelen centrarse en la construcción de planteles y la formación docente, existe un ejército silencioso que sostiene el día a día de la educación pública en condiciones de precariedad extrema. Se trata de los conserjes, porteros y el personal administrativo.

​Estos hombres y mujeres con salarios que en muchos casos oscilan entre los 12,000 y 16,500 pesos, se enfrentan a una canasta básica familiar que supera los 45 mil pesos, empujandolos a vivir en un estado de malabarismo financiero.

​Para un conserje que debe costear pasajes, alimentación y servicios básicos, el salario se esfuma en la primera semana del mes. El resultado es un trabajador desmotivado, sumido en deudas y, a menudo, obligado a buscar empleos informales tras cumplir su jornada en la escuela.

​Las recientes movilizaciones no son hechos fortuitos, sino, el síntoma de un agotamiento sistémico.

Los manifestantes denuncian que, a pesar de la inflación acumulada, sus salarios han permanecido estáticos durante años, a diferencia de otros sectores del sistema educativo que han logrado conquistas significativas.

​"Nosotros somos los que abrimos la puerta al amanecer y los que dejamos el aula limpia para el siguiente día, pero parece que para el presupuesto somos invisibles", comentaba una trabajadora durante una de las recientes jornadas de protesta.

​Es un error pensar que la calidad de la educación depende únicamente de los libros o los profesores. Un entorno escolar limpio, seguro y organizado es fundamental para el aprendizaje. ​Si el portero está agobiado por el hambre, la seguridad se debilita, si el personal de limpieza no cuenta con condiciones dignas, la higiene del plantel se afecta, si la secretaria vive en angustia financiera, la gestión administrativa pierde eficiencia.

En tal sentido, el Estado tiene la responsabilidad ética de revisar estas escalas salariales. No se trata solo de un ajuste por inflación, sino de un reconocimiento a la dignidad humana.

El 4% del Producto Interno Bruto (PIB) debe servir también para cerrar la brecha de desigualdad interna que castiga a los eslabones más vulnerables de la cadena educativa.

​La educación dominicana no podrá presumir de progreso real mientras quienes cuidan y mantienen nuestros centros educativos vivan en la indigencia laboral. Es hora de que el presupuesto llegue, finalmente, a las manos de quienes sostienen la base del sistema.

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