La resignación no es una opción
Si a todo esto sumamos la falta de atención a la salud mental que afecta a la sociedad
Debemos llegar a la conclusión de que vivimos en un polvorín que constantemente explota con tragedias que ya hemos normalizado, y ahí radica lo verdaderamente peligroso: en perder la capacidad de asombro.
Pero ante la dantesca realidad, ¿qué nos queda? Hay que hablar alto y sin miedo, cómo lo ha hecho el sacerdote Alfredo Rosario en la provincia Hermanas Mirabal, denunciando los puntos de drogas en Tenares y Salcedo que rodean su parroquia; debemos actuar en conjunto, la historia hay que empujarla para que pueda ser.





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