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El movimiento social y popular: Una historia de progreso y protestas en San Francisco de Macorís




El movimiento huelgario tiene sus raíces en las luchas obreras del siglo XIX, cuando los trabajadores comenzaron a organizarse para reclamar mejores condiciones laborales frente a la explotación industrial. Desde sus inicios, la huelga se convirtió en un instrumento de presión colectiva, utilizado para exigir salarios justos, reducción de jornadas excesivas y respeto a derechos básicos.

A lo largo del siglo XX, estas manifestaciones se consolidaron como parte esencial de los movimientos sindicales, influyendo en la creación de leyes laborales y en la transformación de las relaciones entre empleadores y empleados.

Por otra parte, en el contexto latinoamericano y caribeño, las huelgas no solo tuvieron un carácter económico, sino también político, llegando a ser mecanismos de resistencia frente a regímenes autoritarios y de defensa de la justicia social. De esta manera, la historia del movimiento huelgario refleja la constante búsqueda de equidad y dignidad por parte de los trabajadores en distintas sociedades.

En el caso dominicano, el movimiento huelgario cobró fuerza a inicios del siglo XX, impulsado por obreros azucareros, portuarios y ferroviarios que reclamaban mejores salarios y condiciones dignas de trabajo. 

Durante la dictadura de Trujillo fue duramente reprimido, aunque algunos sectores mantuvieron focos de resistencia obrera. Tras la muerte del dictador en 1961, las huelgas se convirtieron en un medio clave de presión social y política, especialmente en los años 70 y 80, cuando sindicatos y trabajadores exigieron respeto a los derechos laborales, aumento salarial y justicia social, consolidando la huelga como una herramienta histórica en la lucha por la dignidad obrera dominicana.

En este mismo sentido, San Francisco de Macorís, considerado la “cuna de tribus belicosas”, se forjó a partir de las raíces de los ciguayos y macorixes, pueblos prehispánicos caracterizados por su espíritu de lucha y enfrentamiento. Ese legado combativo se mantuvo en los nativos de la localidad, quienes durante el periodo republicano se opusieron al izamiento de la bandera española en la fortaleza de armas de la ciudad. 

En la Guerra de la Restauración, la comarca volvió a ser escenario de focos de resistencia contra la dominación extranjera. De igual modo, tras la caída de la dictadura trujillista, San Francisco de Macorís se convirtió en bastión del movimiento por el retorno a la constitucionalidad, y durante la Guerra de Abril de 1965 fue también epicentro de combates contra el poder establecido. 

A lo largo de la historia, la ciudad del Jaya ha encarnado una tradición de reclamos y enfrentamientos en defensa de lo que sus ciudadanos han considerado el rumbo legítimo de la nación dominicana.

Particularmente en la década de 1980, San Francisco de Macorís estuvo marcada por intensas huelgas y movilizaciones populares que reflejaban la crisis económica y la falta de respuestas del Estado. En 1984, durante el gobierno de Salvador Jorge Blanco, los francomacorisanos se sumaron activamente al levantamiento nacional contra los altos costos de la vida, las medidas de ajuste económico y la inflación descontrolada. Las calles de la ciudad del Jaya fueron escenario de enfrentamientos, barricadas y protestas, donde amplios sectores sociales participaron bajo un clima de fuerte represión.

Más adelante, en el período comprendido entre 1986 y 1996, durante los denominados “Diez Años de Balaguer”, San Francisco de Macorís vivió un ciclo de huelgas cívico-populares, protagonizadas por sindicatos, estudiantes y organizaciones comunitarias, que exigían el cumplimiento de promesas de campaña y la atención a necesidades urgentes como agua potable, energía eléctrica, carreteras y servicios sociales. Estas luchas reafirmaron a la ciudad como un bastión de resistencia y organización social, donde la protesta colectiva fue una vía constante de reclamo frente a la exclusión y la indiferencia gubernamental.

Al analizar el trasfondo político, se observa que la dinámica de los movimientos huelgarios en San Francisco de Macorís no siempre fue exclusivamente social o reivindicativa, sino también política. Dependiendo del contexto y de los intereses en juego, distintos sectores se sumaban a las huelgas, convirtiéndolas en estrategias de presión y en ocasiones en instrumentos de los partidos de oposición. Durante las gestiones de los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina, las principales fuerzas políticas —Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Partido Reformista, Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y posteriormente el Partido Revolucionario Moderno (PRM)— respaldaron en diversos momentos los reclamos huelgarios como mecanismos de oposición frente al gobierno de turno.

Asimismo, mientras empresarios vinculados al oficialismo veían estas manifestaciones como amenazas al orden económico, otros empresarios aliados a la oposición las financiaban, fortaleciendo así el carácter híbrido del movimiento huelgario: a la vez genuina expresión popular y herramienta de lucha política.

En paralelo, muchas voces empresariales han sostenido que el atraso relativo y el bajo desarrollo de San Francisco de Macorís se deben a las constantes huelgas y demandas sindicales. Sin embargo, esta afirmación resulta insostenible frente a los datos. Según el Censo Nacional de Población y Vivienda, para el año 2010 San Francisco exhibía uno de los menores índices de pobreza extrema del país, consolidándose como referente de crecimiento económico y social. Incluso, el entonces presidente Leonel Fernández destacó en su último discurso los rascacielos en construcción como símbolo de progreso local. Históricamente, la ciudad pasó de ser comuna de La Vega y luego de Cotuí, hasta convertirse en sede de su propia diócesis, con una plataforma de poder eclesial y académico. Hoy en día cuenta con cuatro instituciones de educación superior: la UASD recinto San Francisco, la Universidad Católica Nordestana (UCNE), el Instituto Superior Especializado en Negocios a Distancia (ISEND) y, más recientemente, una extensión del ITLA. Todo esto demuestra que, lejos de frenar el desarrollo, las luchas sociales han acompañado y estimulado el crecimiento sostenido de la ciudad del Jaya, contrastando con otras regiones —como varias provincias del sur— donde la ausencia de movimientos huelgarios no se traduce en mejores indicadores de desarrollo humano.

En la cuna de los Gigantes del Cibao e Indios de San Francisco, la ciudadanía ha sido testigo de una larga lista de promesas gubernamentales que, hasta la fecha, permanecen inconclusas o relegadas. Desde la gestión del expresidente Danilo Medina y durante los últimos cinco años de administración del Partido Revolucionario Moderno (PRM), se han anunciado proyectos trascendentales para el desarrollo local, entre ellos: la apertura del Hospital de Especialidades Médicas, la circunvalación, la construcción de un nuevo mercado municipal con miras a desarrabalizar el centro de la ciudad, la edificación de una Plaza de la Cultura y la carretera San Francisco–Río San Juan. De manera particular, el hoy presidente Luis Abinader, en su condición de candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), mostró interés en impulsar esta última obra, resaltando su importancia para comunicar a la ciudad del Jaya con la costa atlántica por la zona de Naranjo Dulce.

No obstante, ya en el poder, su discurso ha variado, quedando estas obras en el plano de las expectativas incumplidas. Esta situación ha generado un clima de descontento y ha reforzado la percepción histórica de San Francisco como una ciudad que exige, a través de la organización social y los movimientos huelgarios, el cumplimiento de los compromisos asumidos por los gobiernos de turno.

En consecuencia, desde hace más de un mes el movimiento sindical y popular de San Francisco de Macorís ha intensificado sus actividades con el propósito de llamar la atención del presidente de la República, quien no ha cumplido la agenda de necesidades planteadas por la comunidad. Peor aún, el gobierno se ha enfocado en ejecutar obras impulsadas por el senador de la provincia, proyectos que no fueron consensuados con el movimiento social ni con el Consejo de Desarrollo. Así, mientras las denominadas “5 R” del senador han avanzado, las demandas del conglomerado social permanecen sin respuesta, lo que ha generado un clima de descontento y desconfianza.

En este contexto, en el día de ayer el presidente sostuvo un encuentro con los sindicalistas de la ciudad, donde, frente a los medios de comunicación, estos cometieron el error de insinuar que la huelga sería levantada, al decir: “la huelga que estaba, que está convocada para el 7 y el 8”. Esto a pesar de que el gobierno no ha cumplido con ninguna de las obras reclamadas. Esta declaración proyectó la impresión de que existen situaciones poco claras en torno al último llamado a huelga, vinculadas con los mismos actores que históricamente han dirigido los movimientos sociales. Tal escenario ha despertado cuestionamientos sobre la coherencia y transparencia de algunos dirigentes, a pesar de que han sido esas luchas las que han permitido a San Francisco de Macorís exhibir importantes conquistas en su proceso de desarrollo.

Llegados a este punto, cabe preguntarse: ¿cuál será la excusa que presentará el movimiento huelgario si finalmente decide anunciar el levantamiento de la huelga? ¿Dirán que otorgarán un nuevo compás de espera y otro voto de confianza a un presidente que en cinco años no ha cumplido con las obras prometidas? ¿Alegarán que suspenden el llamado por la celebración de los Juegos Nacionales Escolares en esta ciudad? ¿O, como en procesos anteriores, realizarán la huelga solo el día 7 y a las seis de la tarde convocarán a la prensa para anunciar su levantamiento?

El pueblo de San Francisco de Macorís ha depositado históricamente su confianza en el movimiento popular, pero esa confianza no es infinita. Puede perderse, dependiendo de las actuaciones y decisiones de sus dirigentes, quienes corren el riesgo de ir perdiendo la conexión con la ciudadanía a medida que sus acciones se perciban alejadas del sentir colectivo.

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