El mundo en zozobra: Soplan fuertes vientos de guerra
«La historia tiene un índice dialéctico de superación, se conoce porque posee un movimiento dialéctico » (Carlos Marx).
El panorama global actual se asemeja a un mapa de tensiones al rojo vivo. Desde las llanuras de Ucrania hasta las ardientes arenas de Gaza, pasando por los conflictos olvidados de África y la creciente turbulencia en el Asia-Pacífico, los ecos de los disparos parecen no cesar. Haití se desangra en una crisis humanitaria sin precedentes, sumando otra capa de inestabilidad a un escenario internacional que, pieza a pieza, parece recomponerse hacia un orden más fracturado y violento. Este artículo no busca ser un catálogo de desgracias, sino una reflexión sobre la suma de estas partes y la peligrosa dirección en la que podrían converger.
II. Escalada global: ¿Estamos ante una tercera guerra mundial?
La pregunta, aunque apocalíptica, ronda cada vez más los análisis estratégicos. No se trata de un conflicto mundial declarado, sino de una “tormenta perfecta” de factores que alimentan una escalada continua. Geopolíticamente, asistimos al declive de un orden unipolar y al ascenso de un multipolarismo agresivo, donde potencias revisionistas desafían abiertamente el statu quo. Tecnológicamente, la guerra se ha democratizado con drones baratos y se ha sofisticado con ciberataques y armas hipersónicas, reduciendo el umbral de entrada al conflicto y aumentando su letalidad. Económicamente, la interdependencia global, antaño garante de paz, se utiliza ahora como arma a través de sanciones y guerras comerciales, fragmentando las cadenas de suministro y profundizando las divisiones.
III. ¿Quiénes serían los posibles ejes enfrentados?
En este tablero de ajedrez geopolítico, los bloques potenciales se perfilan con mayor nitidez, aunque no carecen de grietas internas. Por un lado, se observa una convergencia de potencias que promueven un orden internacional alternativo, como Rusia y China, a menudo acompañadas por actores regionales como Irán y Corea del Norte, que buscan contrarrestar la influencia tradicional de Occidente. Frente a esto, una coalición de países alineados con el orden liberal-burgués internacional, encabezada por el imperio de Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, busca mantener el marco de seguridad existente.
La Unión Europea (UE) se encuentra en una posición particularmente compleja. Históricamente un proyecto de paz y soft power (poder blanco), se ve obligada a navegar entre su dependencia energética y comercial, sus valores fundacionales y la necesidad de una defensa común, mostrando a veces divisiones internas en su approach(enfoque) hacia los conflictos.
En medio de esta pugna, un vasto «Sur Global», con países como India, Brasil o Turquía, maniobra con pragmatismo, negándose a alinearse abiertamente con ninguno de los bloques y buscando sacar provecho de esta nueva rivalidad.
IV. Papel de la ONU
En este contexto de creciente fractura, el multilateralismo sufre su prueba más severa. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), concebida precisamente para «preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra», ve su papel y autoridad minados. El uso recurrente del veto en el Consejo de Seguridad por parte de las potencias permanentes paraliza cualquier acción decisiva frente a los conflictos actuales, dejando al organismo en una encrucijada. Su capacidad para mediar e imponer la paz se debilita ante la voluntad de los estados de actuar por cuenta propia, revelando un peligroso vacío de gobernanza global en el que prosperan la impunidad y la escalada.
V. Una pausa para la reflexión: la voz de León Gieco
Frente a la parálisis de las instituciones y la crudeza del análisis geoestratégico, es necesario hacer una pausa para la reflexión humana. Es en esta impotencia donde la voz de la ciudadanía y la cultura cobran más fuerza. La canción “Sólo le pido a Dios”, del cantautor, argentino, León Gieco, trasciende su época para resonar con vigencia atronadora: «…Que el dolor no me sea indiferente/
Que la reseca muerte no me encuentre/ Vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.».
» …Que la guerra no me sea indiferente/Es un monstruo grande y pisa fuerte/Toda la pobre inocencia de la gente».
Es un grito pacifista, un recordatorio humanista en un mundo que parece empeñado en deshumanizarse. Su mensaje es un antídoto necesario contra la indiferencia y una poderosa llamada a la empatía como valor político fundamental.
VI. Conclusión
El riesgo de una conflagración global mayor es real, pero no es inevitable. La síntesis del momento actual es de una zozobra profunda, donde la sombra de un conflicto de gran escala se cierne impulsada por nacionalismos, intereses estratégicos y una peligrosa normalización de la violencia. Sin embargo, la historia la escriben las decisiones humanas. Por ello, este análisis debe concluir con un llamado urgente a la conciencia global. Frente a los vientos de guerra, la única respuesta posible es reforzar el compromiso con la paz, no como una abstracción, sino a través del diálogo incansable, la cooperación internacional renovada y la firme defensa de un orden basado en normas. El futuro no está escrito, y evitar que estos vientos se conviertan en un huracán devastador es la tarea más crucial de nuestra era.
Nota:
Dedicado, con todo mi cariño a mi hija, Nikaoly Ciriaco Cortés (PhD), en ocasión de su fecha natalicia, y a mis tres nietos, sus hijos: Alejandro, Alberto y Álvaro. Con la firme convicción y la más profunda esperanza de que siempre encuentren un mundo donde prevalezcan el diálogo, la paz y la luz del entendimiento humano.




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