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Plantean asistencia psicológica en las emergencias


“El trauma colectivo no se cura solo con cemento y estructuras. Sanar también requiere cuidados emocionales, políticas públicas informadas y acceso a servicios psicológicos dignos”.

A esta conclusión llegó el doctor Zoilo García, psicólogo clínico e investigador principal del estudio: “Impacto emocional tras la catástrofe de Jet Set”, del Observatorio de Salud Mental y Bienestar de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).

Tras identificar en la población del Gran Santo Domingo secuelas como depresión, ansiedad y estrés postraumático a raíz de la tragedia del 8 de abril en la emblemática discoteca que dejó un saldo de 236 muertos, el informe destaca que las respuestas institucionales ante desastres deben incluir componentes de salud mental desde el primer momento.

En tal sentido, el equipo del Observatorio de Salud Mental recomienda crear unidades de atención psicológica en emergencias. Además, propone establecer una Unidad Nacional de Intervención Psicosocial en Crisis, con equipos móviles y capacidad de respuesta rápida.

También hace un llamado a fortalecer los servicios de salud mental en atención primaria, especialmente en zonas urbanas vulnerables. Asimismo sugieren crear protocolos nacionales de intervención post-desastre, campañas de alfabetización emocional, y estrategias específicas para poblaciones vulnerables.

En la presentación del informe, el doctor García enfatizó que los resultados arrojados confirman que las emergencias colectivas dejan heridas emocionales profundas que deben atenderse con alto rigor.

La evaluación se realizó entre los días 7 y 10 posteriores al colapso del techo del Jet Set con una muestra representativa de 1,034 personas adultas residentes en Santo Domingo y zonas urbanas aledañas.

El 27.9 % con síntomas depresión

El estudio “Impacto emocional tras la catástrofe de Jet Set” revela que un 27.9% de los participantes presentó sintomatología significativa de depresión, mientras que un 21.7% reportó síntomas importantes de ansiedad, “lo que refleja una afectación emocional generalizada en la población”.

De la misma manera, un 14.1% de los encuestados mostró síntomas clínicos compatibles con un probable trastorno de estrés postraumático.

“Este hallazgo sitúa al trauma psicológico en el centro de la discusión sobre salud pública en contextos de desastre. Estamos hablando de personas que, días después del suceso, presentaban recuerdos intrusivos, hipervigilancia, insomnio y una constante sensación de amenaza”, explicó Zoilo García, investigador principal del estudio.

Entre quienes presentaron sintomatología depresiva, los más comunes fueron: fatiga persistente, 56.8%; pérdida de interés o disfrute, en un 47.6%; tristeza frecuente, en un 44.2%.

En el caso de la ansiedad, los síntomas más reportados fueron: preocupación excesiva, en un 42.1%; y dificultad para relajarse, en un 40.8%. El estudio identificó que las mujeres, las personas jóvenes (18-30 años) y los desempleados fueron los grupos con mayor afectación psicológica. “Estos hallazgos no son coincidencia. Las mujeres tienden a asumir múltiples roles familiares y laborales que las hacen más vulnerables. Los jóvenes tienen menos experiencia para enfrentar crisis, y las personas sin empleo enfrentan un estrés adicional vinculado a la inseguridad económica”, señaló el psicólogo clínico.

Uno de los factores psicológicos que mostraron mayor asociación con el sufrimiento fue la supresión emocional, es decir, el hábito de contener las emociones negativas sin expresarlas ni procesarlas. “Esto nos indica que reprimir lo que se siente no elimina el malestar, sino que lo intensifica. Cuando las personas se obligan a aparentar que están bien, sin dar espacio al dolor, la ansiedad y la tristeza tienden a crecer silenciosamente”, advirtió.

El apoyo social es un amortiguador emocional

El estudio también identifica un hallazgo alentador: las personas que sintieron mayor apoyo social reportaron significativamente menos síntomas de ansiedad y depresión. Esto incluye la percepción de contar con alguien que escuche, que acompañe, que esté presente emocionalmente. Ya sea un familiar, un amigo, una comunidad o un grupo de fe, las redes humanas de apoyo actúan como un verdadero amortiguador emocional ante el trauma, precisa.

“Cuando alguien sabe que no está solo, su cerebro interpreta la situación como menos amenazante. La compañía, la empatía y la validación emocional tienen un poder sanador real”, enfatizó García. Por eso, el informe destaca la urgencia de promover políticas y programas que fortalezcan los lazos comunitarios, las relaciones interpersonales sanas y la cultura de cuidado mutuo. La evidencia es clara: el apoyo social no es solo deseable, es terapéutico.

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