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“Los chinos invaden el comercio en República Dominicana ante la mirada indiferente de las autoridades”


Por Luis Medrano Vólquez-

En los últimos años, la presencia de ciudadanos chinos en el comercio minorista y mayorista de la República Dominicana ha crecido de forma acelerada y visible. Desde los colmados de barrio hasta grandes tiendas de electrodomésticos, su participación se extiende como una red silenciosa pero firme, desplazando a comerciantes locales, generando una competencia desigual y provocando inquietud en sectores productivos nacionales.

No se trata de un discurso xenófobo, sino de una realidad económica que merece atención seria y urgente. Mientras nuestros microempresarios enfrentan trabas para acceder a financiamiento, impuestos asfixiantes, servicios deficientes y escaso respaldo del Estado, los comerciantes chinos operan con notoria fluidez, amplio capital, mercancía barata y una cadena de suplidores internacionales bien aceitada. Muchos de ellos llegan con líneas de crédito facilitadas por bancos de su país, acuerdos de importación directa, y en ocasiones, exenciones fiscales poco claras.

¿Dónde está el Ministerio de Industria y Comercio? ¿Dónde están las direcciones que deben regular el comercio justo, la informalidad, las importaciones y la equidad tributaria? ¿Por qué un dominicano necesita años para levantar un negocio que a un extranjero le toma meses con más ventajas? La respuesta duele: la desidia, la indiferencia y posiblemente, los intereses particulares han dejado al comerciante criollo desprotegido en su propia tierra.

Los chinos no son culpables por buscar oportunidades. El problema radica en que juegan en un terreno donde el árbitro parece mirar hacia otro lado. Mientras sus negocios florecen, los nuestros cierran. Esta situación crea resentimiento, polariza a las comunidades y mina la confianza en las instituciones.

Es hora de revisar el marco regulatorio que rige el comercio nacional, aplicar las leyes sin discriminación y garantizar igualdad de condiciones para todos los que emprenden en este país, sin importar su nacionalidad. La inversión extranjera es bienvenida, pero no puede ser una licencia para desmontar el esfuerzo de generaciones de comerciantes dominicanos.

La soberanía económica también se defiende. Y defenderla no es cerrar puertas, sino abrir los ojos.

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