La fiebre no está en los uniformes
Ahora hablamos de cambiar los uniformes escolares como si con ese gasto -unos RD$600 millones- se fueran a resolver los problemas de calidad de la enseñanza.
Es difícil convencer a alguien de que es necesario hacer ahora un cambio de vestimenta del que al parecer no se enteró a tiempo a las mipymes que confeccionan ropa escolar para el Estado y que ahora no sabrían qué hacer con los inventarios de telas y materiales que utilizarían en las confecciones del viejo diseño.
Tampoco se habría tomado en cuenta que la asignación de colores por regiones chocaría con la movilidad de miles de estudiantes que se desplazan de una región a otra por conveniencias familiares.
Hasta demostración en contrario, el cambio de uniformes no aporta calidad a la educación, pero generaría gasto innecesario y pérdidas.









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