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País de cárceles buenas y malas

El llamado nuevo modelo penitenciario, con sus avances y humanización del encierro, se ha quedado estancado en unas pocas muestras, mientras el mayor número de recintos de privación de la libertad son un culto al hacinamiento degradante de la condición humana. 

La diferencia entre uno y otro modelo impone un estilo de discriminación que da a unos prevenidos el privilegio de la comodidad y a otros el adocenamiento violatorio de derechos intrínsecos garantizados en la Constitución y leyes adjetivas.

No podemos continuar siendo un país de cárceles buenas y malas. No podemos exhibir trato humano en unas prisiones y en otras degradación de la condición humana por encima de lo que disponen las leyes sobre privación de la libertad. 

El nuevo modelo penitenciario debe salir del estancamiento.

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