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La izquierda hacia el 2020

Por Jhonatan Liriano.-

Las fuerzas políticas que se sitúan al lado izquierdo del espectro ideológico son tan numerosas como débiles en República Dominicana. Los resultados electorales de los últimos veinte años evidencian esta realidad, que también se confirma en la poca resistencia popular que han tenido los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). El sector progresista apenas existe en el imaginario de la población, y su existencia no está vinculada a una propuesta clara y diferenciada de cambio social, político, económico y cultural.

Las causas de esta fragmentación son diversas, y vale decir que incluyen a circunstancias históricas y geopolíticas que han incidido para que el país se quedara fuera de la ola progresista que removió a toda América Latina recientemente. También es necesario señalar que la abundancia de personalismos, de conflictos entre individuos sin grandes diferencias ideológicas disminuye más a la izquierda dominicana que cualquier otra causal. Mientras los actores de la derecha se tienden puentes y hasta llegan a instaurar una modalidad de Gobierno Compartido, en una danza armoniosa con el empresariado parasitario y el insaciable sector financiero, entre las agrupaciones progresistas se multiplican las islas de un archipiélago de colectivos iluminados incapaces de verse a la cara y tomarse de la mano aunque sea en las causas comunes.

Por su innegable debilidad y separación de las principales luchas de las grandes mayorías, resulta muy difícil o imposible que de cara a los comicios del 2020 las fuerzas de izquierda puedan armar por sí solas una plataforma que rompa la estructura de dominio social y negación de derechos impuesta por el PLD. El atraso es mucho mayor de cuatro años.

Sin embargo, en los próximos tres años la izquierda dominicana tiene una oportunidad de articular una propuesta programática popular que determine o marque rumbo a una gran coalición opositora que necesariamente deberá enfrentar al PLD y sus aliados en la contienda venidera.

La experiencia de la Convergencia por un Mejor País puede servir a estos propósitos. No se debe reproducir el acercamiento a una fuerza grande y conservadora como el Partido Revolucionario Moderno (PRM) sin antes estar bien definidos, y tener presencia real en el pensamiento y el corazón de una parte de la población. La izquierda necesita crear identidad, ser un proyecto, y colocarse en el centro del debate público, especialmente en las municipalidades, donde la política tiene más cercanía con la gente y las posibilidades de competencia se expanden.

La izquierda tiene la tarea de alcanzar un peso importante en la sociedad si no quiere ser tragada por el PRM en la política de frente que demanda el momento histórico o reducida nuevamente a caricatura en otro proceso de fragmentación sin sentido.

Hasta ahora hay tiempo, y una agenda temática imposible de cubrir por el PRM, el oficialismo o la ultraderecha. La izquierda dominicana tiene grandes posibilidades de levantarse y crecer acompañando y defendiendo los intereses de los trabajadores y trabajadoras que ganan salarios de miseria, que son perseguidos por ejercer su derecho a organizarse, o padecen la inoperancia de un sistema de seguridad social que solo deja beneficio a los grandes capitales financieros.

Solamente la izquierda que no tiene compromiso con los dueños del país asociados en el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) puede crecer abordando con sentido crítico y propositivo el problema del sector eléctrico, los carteles comerciales que encarecen los productos básicos, la gran evasión y las exenciones fiscales de las principales familias empresariales, los injustos impuestos regresivos, la delincuencia de las importaciones, el desempleo, la mercantilización de la salud, la matanza anual de mujeres, la necesaria protección de los bosques y los ríos, y la creación de un servicio de transporte organizado, público y colectivo, entre otros no menos importantes.

La izquierda que no ha hecho causa común con la delincuencia política que nos gobierna ni ha asumido las prácticas desviadas del clientelismo y la corrupción puede darle contenido y claridad al necesario bloque opositor del 2020. Es la hora de menos egos y más política, de apartar a los caciques y colocar al pueblo, a la ciudadanía, en el primer plano.

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