Las lechuzas y las creencias populares
Por Rafael Matos Féliz.-
Las lechuzas de nombre científico Tyto alba
y su pariente más cercano, el búho, han sido objeto de las más estrambóticas
creencias en casi todo el mundo. Estas aves de hábitos nocturnos y de canto
poco armónico se las han tenido que arreglar para poder sobrevivir en los
campos y bosques.
Su aspecto fantasmagórico ha sido fuente de
leyendas. Se la relacionaba con la brujería y fue perseguida por ello durante
décadas, ya que era considerada un pájaro de mal agüero y de mala suerte.
Se cuenta que, cuando los sacerdotes
españoles llegaron a Latinoamérica, difundieron la creencia de que las lechuzas
eran criaturas malignas, empleadas como mascotas de demonios y brujas, y usadas
en oscuros aquelarres (reuniones de brujas y brujos) nocturnos y de esa forma
se aposentó en el pensamiento del latinoamericano la idea de que dichas aves se
relacionaban con la maldad.
En el caso de México se creía que cuando
una lechuza o búho cantaba en la noche, eso era presagio de que un indio se iba
a morir. En muchos de nuestros países cuando se ve una lechuza revoloteando
alrededor de las ventanas o se ha posado en el techo de una casa, sus graznidos
anuncian el pronto fallecimiento de una persona.
Dichas leyendas han permanecido muy
arraigadas en el imaginario popular, pasando de generación en generación hasta
nuestro tiempo, a raíz de lo cual es relativamente común que la gente, cuando
ve una lechuza cerca de su casa, la insulte o legrite para asustarla.
El temor escalofriante y supersticioso
sobre estas criaturas es infundado y tiene su origen, además de las creencias y
tradición antiguas, en los hábitos de estas aves, pues son aves nocturnas y de
presa. Su cabeza y cara son aplanadas y tienen sus ojos grandes orientados
fijamente al frente, que cuando mira hacia los lados debe mover la cabeza
completa en giro.
También su vuelo silencioso, así como su
canto en forma de aullido y sus desarrolladas garras han reforzado la mala
creencia sobre ellas y además, tiene muy
desarrollado el sentido del oído.Sin embargo, esas mismas características son
las que las han convertidos en aves especiales de cacería nocturna.
Las lechuzas no pueden ver de día debido a
que sus ojos poseen una retina muy rica en bastones (células sensibles a la
intensidad luminosa), pero pobre en conos (células sensibles al color). De este
modo puede ver a sus presas en una oscuridad casi total, aunque realmente se
guíe del oído para localizarlas.
Las hembras son muy protectoras de sus
crías. Es frecuente que las madres pierdan sus propias vidas en los esfuerzos
para proteger a los jóvenes de los depredadores. Pelearán con depredadores
varias veces su tamaño si fuera necesario para proteger a sus crías.
En realidad las lechuzas son aves muy
beneficiosas para los humanos y muy especialmente para la agricultura, pues su alimentación
está basada fundamentalmente de ratas y ratones, así como lagartijas,
cucarachas, gusanos, arañas y algunos murciélagos. Viven cerca de predios
agrícolas como cafetales, campos de lechosas, maíz y otros cultivos. A estos
campos van otros animales en horas nocturnas para comerse la producción y allí
están las lechuzas para hacer su agosto.
Un ejemplo muy conocido es el de los
cafetales, a los cuales van las ratas al momento del café madurar y abren el
fruto para comerse el mucílago, el cual es dulce. Esta acción provoca que las
semillas y el endospermo (la cáscara que protege las semillas) se caigan al
suelo y una vez allí, si no se recogen, se pierda esa producción. Esto lleva
consigo a que el productor tenga que pagar una labor más de campo para no
perder esa cosecha.
Pasa algo parecido con las ratas en los
maizales, con ratas y murciélagos en campos de lechosas y con los insectos en
todos los cultivos y allí son frecuentes las lechuzas para alimentarse de
ellos. Como se puede observar, amigos lectores, en realidad las lechuzas son
aves amigas de los humanos y de sus faenas productivas, por lo que se hace
necesario verlas como aves inofensivas y beneficiosas y no como aves de mal
agüero.
Rafael Matos Féliz





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