Paga sus estudios con la venta de pescado
Al contrario,
Chula tiene ganas enormes de salir adelante, hacerse de una carrera
profesional y conseguir lo necesario para costearse sus estudios, ropa,
zapatos y hasta su alimentación, para lo cual ha optado por ganarse la
vida en forma honrada entre escama y tripa de pescados en la pescadería
municipal.
Entró al oficio cuando tenía 19 años, por la
precariedades económicas de sus padres, y consciente de que la única
manera de conseguir su anhelado sueño era obtener un empleo para
conseguir los recursos que le permitan alcanzar sus propósitos.
“No
es fácil conseguir donde trabajar, sobre todo, que me diera la
oportunidad de ir, primero a terminar mis estudios del nivel medio y
luego a la universidad. La cabeza me dio ‘vueltas y vueltas’ hasta que
finalmente conseguí el que se ajustaba a mis propósitos”, narra.
Quería ser doctora
Explica, mientras hacía el trabajo que logró obtener, que su deseo desde que tenía menos edad era ser médica, ante la falta de dinero de sus padres para costearle sus estudios en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).
Frente a ese problema ella no se detiene y busca la manera
que este se convierta en una oportunidad para avanzar en su objetivo,
por lo que decide inscribirse en el Centro UASD Barahona en la
licenciatura en enfermería, de la que ya ha hecho el tercer semestre,
sin contar el actual.
Sus aspiraciones son graduarse de
licenciatura en enfermería, aportar al país desde esta rama de la salud,
y mejorar no solo su condición de vida, sino tambiénla de su familia,
principalmente la de sus progenitores.
Cuevas Carvajal, se siente bien con el trabajo que hace, aunque no es al que aspira.
Tampoco
siente vergüenza, siempre y cuando no haya algún choque en sus estudios
de enfermería porque por nada ni nadie dejará de ir a la universidad.
“No
puedo sentir vergüenza del trabajo que me da los recursos para comprar
mis cosas: alimentarme, pagarme la universidad, comprar ropa, zapatos y
otras cosas que son propias de las mujeres”, dice mientras ofrece su
mejor arma: su sonrisa.
Sostiene que no es mucho lo que consigue
en este trabajo, pero le permite comprar los libros y costearse las
tareas que le asignan sus profesores de la UASD Barahona.
El
dinero que puede ganarse en un día, explica, depende de cómo esté la
cosa: buena o que haya pescado, por lo que puede llevarse a su casa cada
día entre RD$100 y RD$500, sobre todo, si está temprano, a partir de
las 8 y que no tenga clases en la academia estatal en donde busca
hacerse de enfermera.
Respeto
Es la única mujer, entre muchos hombres que hay en la pescadería municipal, ubicada en el Parque, Bulevar, Temático y Turístico “María Montez”. Ella hace este trabajo que la llena de mucho orgullo, sobre todo, de dignidad.
Sin
embargo, Chula es respetada por sus compañeros de oficio, la respetan y
protegen, tanto, que cuando no tiene o no ha ganado lo suficiente para
irse casa o a estudiar, ellos le completan algo de dinero para que “no
me vaya en blanco”.
“Estoy yo sola entre todos ellos y la esposa
del dueño de la pescadería, pero que no realiza el oficio, ya que ella
está con su marido en la venta, pero acá hemos fomentado la solidaridad
entre uno y otro. No puedo quejarme de mis compañeros, todos soy muy
respetuosos”, afirma esta mujer trabajadora de Barahona.





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