El código utilizado por la PN y la AMET para saciar su sed de venganza
La Policía Nacional, como parte de su sistema de autoprotección, ha
enviado un mensaje a los responsables del crimen contra una oficial de
la Autoridad Metropolitana del Transporte, Mercedes del Carmen Torres,
acribillada a balazos el pasado lunes.
Los dos jóvenes que han sido identificados como responsables del
crimen ya murieron “en intercambios de disparos”. Sin investigación, sin
confesión, sin análisis de los datos, sin búsquedas de otros
responsables, sin nuevas revelaciones. El crimen a un oficial policial
se paga, y se paga con sangre.
Juan Carlos de la Cruz Adames fue muerto por agentes policiales el
sábado en la mañana en la avenida Charles de Gaulle. El día anterior
agentes policiales habían dado muerte al menor de edad Wandy Sánchez,
quien junto al primero había sido identificado como responsable de la
muerte de la oficial de AMET.
Ya la Policía dijo que los dos muertos tenían un prontuario de
crímenes, que incluía la muerte de por lo menos tres personas. El
viernes Wandy Sánchez supuestamente la emprendió a tiros a los agentes
policiales, y estos ante la agresión “se vieron en la imperiosa
necesidad de repeler la agresión”. Pero hubo testigos, que revelaron que
el perseguido pidió que no le dispararan, que se entregaría
pacíficamente. Ya había hecho los contactos para entregarse.
Juan Carlos de la Cruz Adames también tenía su hoja de crímenes, de
acuerdo con la Policía Nacional. Fue muerto por 10 balazos. La sangre de
estos jóvenes se supone que debía borrar la sangre de la oficial
Mercedes del Carmen Torres, de AMET, pero no es así.
El país tiene que hacer frente al crimen con inteligencia y dando
cumplimiento al mandato de la ley. La justicia tiene responsabilidad en
actuar, lo mismo que el Ministerio Público. Cualqueir agente policial
podría asumir el método policial, y aplicarlo para resolver diferencias
personales, y asesinar a sus vecinos.
Pero decíamos que se trata de un mensaje de la Policía Nacional, y de
la aplicación de un código, que no es algo que sea complicado de
entender. Es un código que se aplica en el beisbol y especialmente en la
mafia.
En el juego de béisbol cuando un lanzador golpea a un bateador del
equipo contrario, y se percibe que fue intencional, todo el mundo está a
la espera de que en la próxima entrada el lanzador del equipo del
golpeado golpee a un pelotero.
Es una especie de código aceptado que,
aunque se corre el riesgo de la expulsión, se aplica y de sabe que
existe pues envía la señal de que los jugadores del equipo inicialmente
agredido están protegidos por sus lanzadores.
Esto es lo que acaba de suceder con los dos presuntos asesinos de la
oficial de Amet quienes han sido acribillados en menos de 48 horas, sin
una investigación, sin un interrogatorio, sin que haya una decisión de
ningún tribunal.
Lo que llama la atención, tanto en el caso de los presuntos asesinos
de la oficial de AMET como en el caso de la falsa alarma de bomba en el
Aeropuerto Internacional de Las Américas, es la poca edad de los
implicados.
En los acusados de dar muerte a la oficial uno de los
jóvenes era menor de edad, y en el caso del aeropuerto se trata de un
niño de 10 años, quien puso en vilo a más de un conglomerado humano,
porque esta alarma tuvo impacto internacional.
Las muertes de los dos jóvenes acusados no es la solución, pese al interés de la PN y de AMET de enviar un mensaje.
Con esto no se resuelve
el problema. Se agrava, y el país se queda sin alternativa diferente a
la sangre. Por donde quiera habrá sangre.





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