Los clubes y grupos culturales que nos faltan
La creciente ola de violencia y delincuencia que atraviesa el país no se combate únicamente con más patrullaje o medidas represivas. Para apagar un incendio es necesario cerrar la fuga de gas, y la nuestra está en las calles, donde miles de jóvenes crecen sin opciones, expuestos al dinero fácil y al crimen.
Hace unas décadas, la historia era otra. Los clubes deportivos y culturales funcionaban como un escudo natural comunitarios. Eran espacios donde los adolescentes no solo aprendían a jugar baloncesto y béisbol o a actuar en una obra de teatro, sino donde también absorbían valores, disciplina y una verdadera formación ciudadana. Allí se cultivaba la mente sana y el sentido de pertenencia.
La progresiva desaparición de esta disciplina comunitaria ha dejado un vacío destructivo. Al descuidar esos espacios de convivencia social y política básica, le cedimos el terreno a la delincuencia, pagando el precio con la vida y el futuro de nuestra juventud actual.
Volver a los clubes no es una idea romántica del pasado, sino una necesidad urgente de seguridad y desarrollo. Es hora de que el Estado, el sector privado y las comunidades unan fuerzas para rescatar estas instituciones, devolviéndoles a los jóvenes el derecho a crecer con metas claras y en espacios seguros.





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