Es hora de dar un respiro y bajar los combustibles
Cada vez son más los sectores de la sociedad dominicana entre estos gremios de transporte y políticos y el pueblo común que reclaman una rebaja en los precios de los combustibles. Entienden que el Gobierno ya no tiene argumentos para mantener los actuales precios, cuando el barril de petróleo en los mercados internacionales ha caído por debajo de los 70 dólares.
Durante meses, las autoridades justificaron los elevados precios de las gasolinas y del gasoil alegando el impacto de la crisis internacional, los conflictos geopolíticos y la volatilidad del mercado petrolero. Incluso, se implementaron medidas para asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas. Sin embargo, las condiciones que sirvieron de base para esas decisiones han cambiado significativamente. Si el petróleo baja de precio, lo lógico es que esa reducción también llegue al consumidor dominicano.
Mantener congelados los precios de los tipos de gasolina y gasoil, mientras el costo internacional del crudo disminuye representa un duro golpe para el bolsillo de la población. No solo afecta a quienes deben abastecer sus vehículos con gasolina, sino también a miles de transportistas y productores que dependen del gasoil para desarrollar sus actividades. Ese combustible mueve gran parte de la economía nacional, por lo que su alto costo termina reflejándose en los fletes y, como consecuencia, en un incremento constante de los productos de la canasta básica familiar.
El Gobierno tiene ahora la oportunidad de demostrar que las medidas adoptadas por la crisis no fueron permanentes ni recaudatorias, sino respuestas temporales a una coyuntura excepcional. De la misma manera que se pidió comprensión a la ciudadanía cuando los precios internacionales aumentaban, hoy corresponde actuar con la misma responsabilidad cuando esos precios registran una reducción importante.
Escuchar el clamor de la población y revisar la política de precios de los combustibles sería una decisión acertada y justa. Una rebaja aliviaría el presupuesto de las familias, reduciría los costos del transporte y contribuiría a frenar las presiones inflacionarias que continúan afectando el poder adquisitivo de los dominicanos. Cuando el mercado internacional ofrece un respiro, el pueblo también merece sentir ese alivio.







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