Barahona a oscuras: un peligro inminente en la puerta de entrada.
La entrada a una ciudad no solo es su carta de presentación ante el visitante, sino también el termómetro de la seguridad y el cuidado que las autoridades brindan a sus ciudadanos. En el caso de Barahona, el tramo que se extiende desde la comunidad de Palo Alto hasta la Escuela Vocacional de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional se ha convertido, por la falta de iluminación y señalización, en una auténtica boca de lobo donde el peligro acecha a cada metro.
Gobernar es prever, y en materia de infraestructura vial, prever es salvar vidas. La oscuridad casi absoluta que domina este trayecto al caer la noche transforma una carretera de alto flujo en un escenario de alta vulnerabilidad. Conducir a ciegas, confiando únicamente en los faros de los vehículos —que muchas veces encandilan al conductor que viene en sentido contrario—, es una ruleta rusa que los barahoneros y visitantes no deberían verse obligados a jugar.
A este sombrío panorama se le suma una deficiencia histórica y alarmante: la total ausencia de señalización vial.
Dos componentes, un mismo objetivo: salvar vidas
La seguridad vial no es un lujo; es un derecho y una necesidad primaria. Para que una carretera sea segura, requiere de dos componentes esenciales que son indivisibles: iluminación adecuad y señalización clara.
Las líneas reflectantes en el asfalto y los letreros de advertencia son las «guías» que trazan el camino correcto, especialmente en condiciones de visibilidad reducida o lluvias.
Cuando ambos elementos fallan simultáneamente, el margen de error para los choferes se reduce a cero. No estamos hablando de un simple problema estético o de comodidad urbana; estamos hablando de una deficiencia estructural que se traduce, de manera directa, en pérdidas materiales, heridos y lutos en las familias dominicanas.
Es necesario que el Ministerio de Obras Públicas, junto a las autoridades municipales y de la provincia de Barahona, asuman este reclamo con la urgencia que amerita. No se puede esperar a que ocurra una tragedia de gran magnitud en las inmediaciones de la Escuela Vocacional o en las cercanías de Palo Alto para que se proceda a instalar un tendido eléctrico eficiente y a pintar las líneas de la carretera.
La «Perla del Sur» no puede seguir recibiendo a sus hijos y a sus turistas en la penumbra. Iluminar y señalizar la entrada de Barahona es una deuda social y una inversión mínima si se compara con el valor incalculable de una sola vida humana. Es hora de encender las luces y guiar el camino antes de que la oscuridad nos cobre otra víctima.





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