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El precio de la ilusión fiscal


El agotamiento prematuro del subsidio a los combustibles en la República Dominicana ha dejado al descubierto la fragilidad de una estabilidad económica sostenida sobre alfileres fiscales.

Las advertencias de varios economistas sobre el tema no son solo pronósticos técnicos; son la crónica de un impacto social inminente que el Gobierno ya no puede maquillar.

Depender de la asfixia de ministerios no comprometidos para poner parches al presupuesto es una salida de emergencia, no una estrategia sostenible.

La dolorosa realidad que se avecina —con proyecciones que sitúan los combustibles rondando los 400 pesos y una inflación que podría escalar hasta el 8 por ciento— golpeará con fuerza el bolsillo de la clase media y de los sectores más vulnerables.

El dilema de fondo es que los subsidios generalizados son anestesia temporal, pero la cruda realidad económica siempre termina por despertar al paciente.

Focalizar la ayuda es el paso lógico, pero llega tarde. El Gobierno se enfrenta ahora al peor de los escenarios: aplicar ajustes obligatorios en un clima de descontento social, demostrando que retrasar las reformas estructurales solo traslada el costo, con intereses, a los ciudadanos.

La tormenta económica está a las puertas, y las autoridades ya no tienen más recursos para comprar tiempo.

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