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El Laberinto Ético de la Migración


La soberanía de una nación para regular su política migratoria es un derecho incuestionable, pero este derecho no otorga un cheque en blanco para ignorar la dignidad humana. En las últimas semanas, la Dirección General de Migración se ha visto envuelta en una creciente ola de denuncias que empañan los operativos de interdicción en diversos puntos del país.

Desde detenciones arbitrarias de personas con estatus legal —incluyendo ciudadanos dominicanos por "confusión" de perfil— hasta denuncias de extorsión y cobros irregulares por parte de algunos agentes, el panorama es preocupante. No se trata solo de la presión de organismos internacionales, sino de un clamor interno que exige que la ley se aplique con la misma rigurosidad con la que se vigila la ética de quienes la ejecutan.

Resulta inaceptable que los procesos de deportación se conviertan, en algunos casos, en escenarios de vulneración de derechos básicos. El hacinamiento en los camiones de traslado y la falta de protocolos claros en la retención de menores no solo generan críticas externas, sino que socavan la legitimidad de una política estatal que busca, en teoría, el orden y la seguridad nacional.

El Estado dominicano tiene el deber de proteger su frontera y regular la permanencia de extranjeros, pero debe hacerlo bajo un esquema de transparencia y supervisión estricta. La corrupción dentro de las filas migratorias es el peor enemigo de la soberanía: si un estatus legal puede ser "negociado" en una esquina por un agente, la ley deja de ser ley para convertirse en mercancía.

Es imperativo que la Dirección General de Migración refuerce sus mecanismos de control interno, sancione con ejemplaridad las malas prácticas y garantice que cada operativo se realice bajo la luz del debido proceso. La eficacia de una política migratoria no se mide solo por el número de deportados, sino por la integridad con la que se maneja el sistema. República Dominicana no puede permitir que la búsqueda del orden se convierta en una fuente de desorden ético.

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