Semana Santa: Entre el Resguardo y la Conciencia
La llegada de la Semana Mayor activa, como cada año, un engranaje humano impresionante. Miles de hombres y mujeres que integran los organismos de socorro y seguridad abandonan el descanso propio para garantizar el ajeno. Su presencia en carreteras, playas y centros urbanos no es solo una logística de vigilancia, sino un muro de contención frente a la imprudencia.
Sin embargo, es vital recordar una verdad incómoda: la seguridad no es un producto que se recibe, sino un compromiso que se comparte.
Por más eficiente que sea el despliegue de la Defensa Civil, la Cruz Roja o la Policía Nacional, su alcance tiene un límite: la voluntad individual.
Agradecer la entrega de quienes visten el uniforme de servicio durante estos días implica, necesariamente, facilitarles el trabajo. Respetar los límites de velocidad, moderar el consumo de alcohol y seguir las indicaciones de las autoridades no son solo reglas de tránsito o de convivencia; son actos de respeto hacia la vida propia y hacia el esfuerzo de quienes están apostados bajo el sol para protegernos.
Que esta Semana Santa se caracterice por el retorno seguro a casa. Dejemos que los organismos de seguridad sean nuestro apoyo, pero no nuestra única red de salvación. La prevención comienza en casa y viaja con nosotros.







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