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PROFAMILIA: 60 años de historia y compromiso social




Algunas instituciones nacen para responder a un problema concreto y, con lo el tiempo, terminan cambiando la manera en que una sociedad se piensa a sí misma.

Profamilia es una de ellas. Y celebrar sus sesenta años es también celebrar que, en este país, ha habido personas dispuestas a desafiar silencios que durante mucho tiempo parecían inamovibles.

En 1966, cuando se fundó la Asociación Dominicana Pro-Bienestar de la Familia (Profamilia), hablar de sexualidad, planificación familiar o salud reproductiva en la República Dominicana era casi imposible. No existía una conversación pública sobre estos temas. Permanecían confinados al ámbito privado, atravesados por el pudor, el desconocimiento y, muchas veces, por el miedo.

En ese contexto, un grupo de médicos, profesionales de la salud y personas comprometidas con el bienestar social comenzó a reunirse con una preocupación muy concreta: ¿cómo podían las familias cuidar su salud si ni siquiera tenían acceso a información confiable?

Aquellas reuniones no partían de la idea de fundar una institución que seis décadas después seguiría siendo relevante. Partían de algo más simple y urgente: la convicción de que el país necesitaba empezar a hablar de aquello que hasta entonces había permanecido oculto.

De ese impulso nació Profamilia.

El nombre de la organización refleja bien el espíritu de aquel momento. La preocupación era profundamente humana y cotidiana: la salud de las mujeres, los embarazos muy seguidos, la mortalidad materna y la falta de servicios accesibles para quienes más los necesitaban.

En definitiva, el bienestar de las familias dominicanas.

Con el tiempo, la institución también se convirtió en un espacio importante de producción de conocimiento científico en la región. En ese ámbito destaca el trabajo de la doctora Vivian Brache, una de las investigadoras dominicanas más reconocidas en el campo de la salud reproductiva.

Sus estudios sobre anticoncepción, particularmente en métodos hormonales y de larga duración, han sido utilizados por la comunidad científica internacional y han contribuido a mejorar protocolos médicos y políticas públicas en distintos países.

Ese trabajo, muchas veces discreto y poco visible para el gran público, ha ampliado el conocimiento médico disponible y ha permitido que millones de mujeres tengan más opciones para decidir sobre su salud.

En la figura de Vivian Brache honro también a las muchas mujeres y hombres que han sido el empuje y el motor de Profamilia durante estas décadas y que, aunque no aparezcan aquí con nombre propio, forman parte esencial de lo que es hoy la institución.

La historia de Profamilia también está profundamente ligada al liderazgo de Magaly Caram, quien ha sido durante décadas una de las voces más firmes en la defensa de los derechos sexuales y reproductivos en la República Dominicana.

Bajo su dirección, la institución amplió su red de servicios, fortaleció sus programas comunitarios y posicionó en el debate público una idea fundamental: que la salud sexual y reproductiva forma parte integral de los derechos humanos.

Los temas que aborda Profamilia como educación sexual, autonomía reproductiva, prevención del embarazo adolescente y acceso a métodos anticonceptivos, tocan fibras profundas en sociedades como la nuestra.

Precisamente por eso su trabajo ha sido tan importante.

Durante seis décadas, Profamilia ha acompañado procesos sociales complejos. Ha formado profesionales de la salud, ha educado generaciones de jóvenes y ha contribuido a que la conversación sobre sexualidad y reproducción se desplace, poco a poco, del silencio hacia el conocimiento.

Vista con la perspectiva que da el tiempo, su historia también nos recuerda que muchas transformaciones sociales comienzan de manera casi imperceptible. Empiezan con un pequeño grupo de personas que decide mirar un problema de frente y hacer algo al respecto.

Hace sesenta años, en la República Dominicana, ocurrió exactamente eso.

Y por eso merece celebrarse que Profamilia exista. Porque las instituciones que defienden el acceso a la información, a la salud y a la autonomía personal terminan haciendo algo más grande que prestar servicios.

Cuando el conocimiento entra en la conversación pública, la libertad encuentra siempre una manera de crecer.

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