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¿Por qué se llama República Dominicana y no simplemente Dominicana?


Henry Arvelo.-
Diario Libre-

Durante décadas, una confusión tan frecuente como aparentemente inocente ha marcado la forma en que nombramos nuestro país, tanto en la conversación cotidiana como en los textos escritos. No es lo mismo decir Santo Domingo que República Dominicana, y usar uno u otro nombre no es cuestión de costumbre ni de capricho: depende, con rigor, de qué cosa estamos nombrando.

El nombre Santo Domingo se remonta a los orígenes mismos de nuestra historia. Fue Bartolomé Colón, hermano del Almirante Cristóbal Colón, quien fundó una ciudad a orillas del río Ozama durante el segundo viaje colombino. Aquella ciudad recibió el nombre de Santo Domingo porque, según la tradición, la llegada a la isla ocurrió un día domingo. Desde entonces, el nombre quedó ligado no solo a una ciudad, sino a una realidad mucho más amplia.

De acuerdo con la explicación de Manuel de Jesús Troncoso de la Concha, Santo Domingo es el nombre de la nación, del país, del pueblo: el espacio geográfico y social que habitamos, la tierra y la comunidad humana que la conforma. En cambio, República Dominicana es el nombre del Estado, es decir, de la organización política que ese pueblo adoptó para gobernarse dentro de ese territorio.

Nuestro país se llama República Dominicana porque, tras siglos de dominio extranjero —primero español y luego un breve período bajo control francés—, el pueblo de la parte oriental de la isla fue tomando conciencia de sí mismo como nación. Ese proceso histórico culminó en 1844, cuando se proclamó un Estado libre e independiente de toda potencia extranjera. Fue entonces cuando nació formalmente la República Dominicana como entidad política soberana.

Importancia de usar el nombre completo

¿Por qué utilizar el nombre completo? Troncoso de la Concha insiste en que esta distinción debe hacerse siempre, tanto al hablar como al escribir. No se trata de un simple detalle lingüístico, sino de una precisión conceptual. Es una diferencia comparable —explica— a la que existe entre Francia y la República Francesa, México y los Estados Unidos Mexicanos, o Perú y la República Peruana. En todos esos casos, un nombre designa al país como realidad geográfica y social; el otro, al Estado como estructura política.

Por eso es correcto decir el clima de Santo Domingo, las montañas de Santo Domingo o el valle de Santo Domingo, porque se habla de elementos naturales del país. Del mismo modo, todo lo que pertenece al orden social o cultural corresponde a Santo Domingo.

En cambio, cuando entramos en el terreno político e institucional, el nombre correcto es República Dominicana. Así, debemos decir las leyes de la República Dominicana, el Presidente de la República Dominicana o los tribunales de la República Dominicana.

De ahí que resulte impropio decir la Suprema Corte de Santo Domingo; lo correcto es la Suprema Corte de la República Dominicana. En sentido inverso, debe decirse el arzobispo de Santo Domingo y no el arzobispo de la República Dominicana, porque la Iglesia no es una institución política, sino religiosa.

Uso de nombres en el contexto internacional

Nuestro país no se llama indistintamente de dos maneras. Cada nombre tiene un uso específico y una carga conceptual precisa. Santo Domingo nombra la tierra y su gente; República Dominicana nombra al Estado que los organiza políticamente.

¿Por qué no siempre se usa el nombre completo de las repúblicas? En muchos países cuyo nombre oficial incluye la palabra "República", no es necesario emplear la denominación completa en el uso cotidiano. La razón es jurídica y lingüística a la vez.

En el derecho internacional, la mayoría de los Estados cuentan con dos formas de identificación: un nombre oficial o constitucional, utilizado en tratados, leyes y actos formales; y un nombre corto, que se emplea en el habla común.

Tomemos como ejemplo el caso peruano. Su denominación formal es República del Perú, pero "Perú" es el nombre breve reconocido internacionalmente y suficiente para identificar al país sin margen de confusión. Por eso, en titulares, conversaciones y referencias generales, se utiliza simplemente "Perú".

En definitiva, cuando el nombre corto cumple con claridad su función identificadora, el lenguaje tiende a simplificar. La forma extensa queda reservada para los contextos donde la formalidad lo exige.

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