El Parque Infantil de Barahona, una burla al patrimonio de la niñez
La reconstrucción del Parque Infantil de Barahona, que debió ser un motivo de júbilo para las familias de “La Perla del Sur”, se ha transformado en un monumento a la decepción. Lo que se prometió como una renovación integral para el sano esparcimiento de nuestros niños, hoy se percibe como un engaño flagrante a la confianza pública.
Es inaceptable que, tras esperas prolongadas y presupuestos que emanan del bolsillo del contribuyente, el resultado sea una obra que carece de la calidad, la seguridad y la visión que la niñez barahonera merece. No se trata solo de pintura fresca o estructuras superficiales; se trata de entregar un espacio digno que cumpla con los estándares modernos de recreación.
Los detalles sobre la inversión real y los plazos de entrega han sido manejados con una opacidad que solo alimenta la desconfianza. Las terminaciones y materiales utilizados distan mucho de lo que se esperaría para una obra de alto impacto social. Mientras la población exigía un parque de vanguardia, la ejecución parece haberse quedado en lo cosmético, ignorando la funcionalidad y la durabilidad.
Barahona no puede seguir siendo el escenario de proyectos a medias. El parque infantil no es un regalo político, es un derecho de la infancia y una obligación de las autoridades. Exigir una auditoría visual y financiera de esta obra no es una opción, es un deber ciudadano ante lo que claramente se perfila como un fraude a la esperanza de nuestra comunidad.




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