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El nuevo neocolonialismo de Estados Unidos.


A un año del inicio de su segundo mandato, la administración de Donald Trump ha consolidado una visión de política exterior que muchos analistas y líderes globales ya no dudan en calificar como un neocolonialismo transaccional. Bajo el eslogan de «America First», la Casa Blanca ha dejado de lado la diplomacia del «poder blando» para abrazar una doctrina de dominación directa y pragmatismo agresivo que pone a prueba la soberanía de naciones enteras.

El retorno del «Garrote» en el Siglo XXI

Si el siglo XX estuvo marcado por la Doctrina Monroe, el 2025 y los albores de 2026 han sido testigos de lo que algunos llaman el «Corolario Trump». Ya no se trata solo de influencia ideológica, sino de una subordinación económica y territorial explícita.

Intervencionismo sin ambages: La reciente captura de Nicolás Maduro en Venezuela bajo la «Operación Resolución Absoluta» (enero de 2026) es el ejemplo más crudo. Aunque se justificó como una lucha contra el narcoterrorismo, el mensaje enviado a la región es claro: Washington se reserva el derecho de intervenir militarmente en el hemisferio para imponer el orden que considere necesario.

La geografía como botín: El persistente interés de Trump por adquirir Groenlandia y sus renovadas amenazas sobre el control del Canal de Panamá revelan una mentalidad que ve al mundo no como una comunidad de naciones, sino como un mapa de activos estratégicos y recursos naturales (tierras raras y rutas comerciales) sujetos a la compra o la coacción.

El arancel como arma de ocupación

La política comercial ha pasado de ser una herramienta de desarrollo a un instrumento de castigo y control. La imposición de aranceles masivos a aliados como Brasil, México y Canadá no busca equilibrar la balanza comercial, sino forzar concesiones políticas en temas de migración y seguridad. Al condicionar el acceso al mercado estadounidense a la obediencia absoluta, la administración Trump ha instaurado una forma de protectorado económico donde la autonomía de los vecinos se diluye ante la amenaza de la asfixia financiera.

Un vacío multilateral peligroso

Al retirarse de más de 60 organismos internacionales y ausentarse de foros críticos como la COP30, Estados Unidos ha renunciado a su rol de líder del orden liberal para actuar como una potencia solitaria y depredadora. Este repliegue no es aislamiento; es una reconfiguración para actuar sin las «ataduras» del derecho internacional.

«La soberanía de Estados Unidos no es negociable, pero la de los demás parece tener un precio en la mesa de Trump.»

El riesgo de un mundo fragmentado

La política de Trump está redibujando el mapa global en esferas de influencia que recuerdan a la era de los imperios coloniales. Al tratar a las naciones —especialmente a las latinoamericanas y africanas— como meros peones en su competencia con China, Washington corre el riesgo de empujar a sus aliados históricos hacia nuevas coaliciones, como el fortalecimiento del BRICS.

El editorial del 2026 es sombrío: estamos ante una «pax americana» impuesta por la fuerza y el arancel, una política que, en su afán de grandeza, erosiona los principios de autodeterminación que alguna vez el propio Estados Unidos juró defender.

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