Noticias de Última Hora

El Estado como botín, una herencia que el PRM no logra sacudir


La reciente agitación interna en el Partido Revolucionario Moderno ha puesto de manifiesto una realidad incómoda: a pesar de las promesas de “cambio” y de una gestión pública basada en la meritocracia, la cultura política dominicana sigue arrastrando el lastre del Estado como un botín de guerra.

Las pugnas por nombramientos, las presiones de las bases por cuotas de poder y los choques entre liderazgos provinciales revelan que, para una parte considerable de la clase política, el triunfo electoral no se traduce en un mandato para servir, sino en una oportunidad de reparto.

Lo que ocurre en el PRM no es un fenómeno aislado de esta organización, sino el síntoma de una debilidad institucional crónica. Cuando la militancia partidaria se percibe como una inversión que debe ser retornada con un puesto público, se vulneran dos pilares fundamentales: la Carrera Administrativa, desplazándose el talento técnico por el favor político y la Eficiencia del Gasto, ya que las nóminas se abultan para satisfacer compromisos de campaña en lugar de responder a necesidades ciudadanas.

“El peligro de que el partido devore al Estado es que la institucionalidad se convierte en una fachada para el clientelismo”.

El presidente y la alta dirigencia del PRM enfrentan el desafío de demostrar que su compromiso con la transparencia es real y no solo un eslogan de campaña. Ceder ante las presiones del “reparto” es retroceder a las prácticas que la sociedad civil condenó en el pasado.

La modernización de la política dominicana exige romper el ciclo donde el Estado es visto como una propiedad privada del partido de turno. De lo contrario, seguiremos atrapados en una democracia de clientes, donde el ciudadano es reemplazado por el beneficiario del “botín”.

No hay comentarios