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Si lo rompes lo pagas



Santo Domingo.– El general Colin Powell comentó públicamente que en una cena privada en la Casa Blanca el 5 de agosto de 2002, en medio de las discusiones sobre una posible intervención militar de Estados Unidos en Irak, le dijo al presidente Georges W. Bush "if you break it, you own it" ("si lo rompes lo pagas", como aparece en alguna que otra tienda de venta de objetos de cristal en nuestro país).

Con esa fascinación por las metáforas de los estadounidenses, Powell le quiso decir con esa frase al presidente Bush que, si intervenía Irak y removía su gobierno, veintiocho millones de iraquíes esperarían de Estados Unidos que se hiciera cargo de su país y cargara con la enorme responsabilidad que implicaba llevar a cabo un cambio de régimen.

A esa frase se le llamó la regla de Pottery Barn, en referencia a la popular tienda de venta de artículos para el hogar que la popularizó porque la usaba en sus establecimientos.

¿Qué ocurrió en la intervención de Irak y qué lecciones dejó?

Irónicamente, le correspondió a Powell como secretario de Estado, el más escéptico de los miembros de la Administración Bush respecto de la idoneidad de esa intervención, pronunciar un discurso en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 5 de febrero de 2003 para mostrar a ese órgano y a la opinión pública mundial las supuestas evidencias de que Sadam Husein contaba con armas de destrucción masiva en violación a las normas del derecho internacional.

Ese discurso, en tanto las informaciones que proveyó resultaron ser falsas, empañó lamentablemente una de las carreras militares y diplomáticas más distinguidas en Estados Unidos en la época moderna.

En su cautivante libro autobiográfico It worked for me: In life and leadership, Powell describe esos momentos dramáticos que desembocaron en la intervención militar de Estados Unidos en Irak el 20 de marzo de 2003, con el apoyo de una coalición de países (the coalition of the willing, como se le llamó), pero al margen del Consejo de Seguridad de la ONU.

Visto en retrospectiva, tanto la intervención militar en Irak como en Afganistán resultaron altamente costosas para Estados Unidas en términos económicos y humanos sin que se lograran, luego de alrededor de dos décadas de intervención, los objetivos que se propusieron.
¿Cuál es el contexto actual de la posible intervención militar en Venezuela?

Esa advertencia de Colin Powell, condensada en una frase coloquial, es sumamente útil en el momento actual ante los aprestos militares de Estados Unidos en el Caribe con Venezuela en la mira.

Si bien el Gobierno estadounidense ha puesto énfasis en el combate a los carteles del narcotráfico, a los que ha tipificado como organizaciones terroristas, cualquier intervención militar de Estados Unidos en Venezuela tendrá como fin un cambio de régimen, respecto de lo cual podría saberse cómo y cuándo comienza, pero no cómo y cuándo termina.

Una buena parte de la oposición política venezolana, impotente y frustrada ante la imposibilidad de poner fin por la vía electoral al régimen dictatorial de Nicolás Maduro, parece deseosa que sea Estados Unidos la que, finalmente, destituya por la fuerza ese régimen y le entregue el poder a quienes reclaman -con razón, debe decirse- haber ganado las pasadas elecciones.

Ya durante el primer período del presidente Donald Trump una parte de la oposición venezolana también confió en que, con el apoyo a un gobierno en el exilio encabezado por Juan Guaidó, Estados Unidos los llevaría al poder, política que, en último término, resultó fallida y dio pie a serias diferencias y recriminaciones entre los líderes de la oposición venezolana.

Venezuela es un país relativamente grande, con 28.5 millones de habitantes, con un gobierno que cuenta con una estructura política y militar fuerte que, si bien puede quebrarse en algún momento, presentará resistencia a cualquier intervención militar extranjera, del tipo que sea, apelando al sentimiento nacionalista, el factor que más interpela y moviliza a una población.

Las posibilidades de una guerra civil se incrementan en un contexto de esa naturaleza, con posibles repercusiones en el entorno regional.

Dicho de otro modo, es ingenuo pensar que con la ayuda militar de Estados Unidos podrá haber una transición más o menos ordenada del régimen autoritario a un régimen democrático.

Desde luego, hay que reconocer que para la oposición venezolana esa parece ser la única opción que le queda, ya que el régimen autoritario de Maduro le ha cerrado todas las vías para llegar al poder de manera pacífica y democrática.

El régimen desconoce los resultados electorales, encarcela a los líderes políticos y sociales de oposición, inhabilita candidatos presidenciales, viola los derechos humanos y controla las instituciones políticas, militares, judiciales y electorales del país, por lo que no hay intersticio que permita disputar legalmente el poder y hacer posible la alternabilidad.
¿Qué papel juega la comunidad internacional y la oposición venezolana?

Hay que decir que, lamentablemente, no ha habido acciones colectivas hemisféricas en defensa de la democracia que pudiesen servir de presión efectiva contra el régimen de Maduro.

Los gobiernos de izquierda, con excepción del que encabeza Gabriel Boric en Chile, quien ha probado ser un verdadero demócrata, se aferran a una concepción obsoleta de la soberanía para justificar su inacción o, en el mejor de los casos, sus críticas tímidas al régimen autoritario de Venezuela. Por su parte, los líderes de los gobiernos de derecha son muy débiles, sin liderazgo regional y muy dados a apoyar los esquemas simplistas y fallidos que se han presentado como alternativas al régimen autoritario de Maduro.

No es que la acción colectiva hubiese necesariamente dado al traste con el autoritarismo del régimen de Maduro, pero al menos hubiese contribuido a su aislamiento y su descrédito, así como a darle soporte a las luchas democráticas en ese país.

Ante la ausencia de una acción colectiva en defensa de la democracia, aparece ahora como solución salvadora una posible acción unilateral de Estados Unidos que muchos en Venezuela, debe decirse, ven con simpatía como último recurso para terminar con un régimen que lleva algo más de veinticinco años en el poder.

No obstante, los riesgos que acarrea una intervención militar extranjera con el fin de producir un cambio de régimen en nombre de la democracia son sumamente altos, aun para la misma oposición que tendría que validarla y enfrentarse a una contracorriente nacionalista que seguro surgiría.

A Estados Unidos también le plantea un desafío de la mayor envergadura, ya que se vería envuelto en una situación de la que se la haría muy difícil salir durante un buen tiempo, pues, como dijo Powell, if you break it, you own it.



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