Los celos que trituran el alma
Las largas noches sin dormir son habituales para Ernesto. Ama a su mujer, se desvela por ella. Ha intentado estar con otras; pero con quien desea intimar es con su esposa. Hace tres meses las dudas lo sacuden. Su mujer evade la intimidad y acude al trabajo y a reuniones sociales inusualmente bella.
Se nota alegre al marcharse de la casa, pero el vive un frÃo invierno con ella. Se irrita ante cualquier reclamo y exige su derecho a privacidad y es esquiva con su teléfono inteligente. Sin embargo Ernesto no puede probar nada. De noche siente picotadas hirientes en su pecho. Literalmente siente que se le carcome el alma. Se imagina su mujer en otros brazos y pierde la felicidad y la cordura. Está muy estresado y tiene problemas con su jefe por su bajo rendimiento laboral.
Los celos son reales aunque lo que imaginamos no lo sea. Las dudas torturan. A veces impulsan a buscar pruebas como revisar ropas, chequear carteras y telefonos; o salir despavoridos a perseguir y espiar a la pareja.
Adela se casó con quien era novio de su mejor amiga. Su enamoramiento fue mutuo. No se contuvieron y él abandonó a su novia y empezaron un candente romance que terminó en matrimonio. Para esta mujer su marido es su centro vital. Sabe que es culpable de idolatrÃa. Conoce que sólo debe adorar a Dios, pero esconde, como las hijas de Labán, un Ãdolo de carne y hueso. Apetecido por las mujeres y con una labia provocadora, ya ha destrozado el corazón de su mujer. Ella lo ha perdonado varias veces. El dice que no lo volverá a hacer. Ella se tortura. No come bien y duerme muy poco. Su estrés la agobia. Descuida a sus hijos y su trabajo.
No hay una sola realidad. Para el pensamiento estratégico hay tantas realidades como tantas interpretaciones hacemos de la realidad. Nuestra interpretación viene a ser una realidad. Los celos siempre son reales para quien los sufre y también para el cónyuge, que sea culpable o no, recibe ráfagas relacionales de reclamos, agresiones y conductas de espionaje del amor.
Los celos alejan la paz y la tranquilidad. Quien se deja dominar por ellos se torna irracional y su recompensa es el sufrimiento. No es posible cambiar al otro. Esa responsabilidad es de cada quien. Sólo podemos poner lÃmites a nuestras vidas. Asumir una conducta más racional y esperar que se aclare la situación de pareja. Cuando tengamos indicadores suficientes o evidencias debemos decidir en que momento hacer los reclamos.
Prepararnos para las negativas con luz de gas o para la confesión sincera y luego decidir si vamos a perdonar o no. Hay un volcán de emociones en estos procesos y es necesario controlar las emociones para tomar decisiones racionales. Acudir a Terapia ayuda a que tomemos decisiones maduras y a tratar el tema de los celos haya o no infidelidad. En ocasiones no hay infidelidad y los celos del cónyuge se tornan patológicos.








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