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El grave yerro de Danilo Medina

La sociedad dominicana tiene una inmensa deuda con los millones de dominicanos y dominicanas que ha expulsado del país mediante la miseria, la corrupción que cierra oportunidades de movilidad social, y en su momento por la persecución criminal contra los opositores políticos.
Y al igual que el sÔndalo impregna de exquisito olor el hacha que lo corta, nuestros expatriados han enviado a la sociedad que los expulsó miles de millones de dólares y euros, ganados con trabajo duro, para sostener sus familias, exonerando al Estado y al sector privado de gran parte de su responsabilidad de suministrar empleos y servicios, y ayudando a sostener el valor de la moneda dominicana.

La polĆ­tica migratoria de Estados Unidos que decide cuando le conviene deportar de su paĆ­s a cualquier dominicano o dominicana por el motivo que consideren ellos soberanamente no puede ser nunca un criterio de criminalidad, efectiva o potencial, al criollo que retorna.

Resulta perverso que los hayamos expulsado, que como comunidad nos hayan ayudado económicamente y que cuando alguno es deportado -hasta por una infracción de trÔnsito- el Gobierno los considere responsables de los robos, atracos y asesinatos que ocurren en nuestro país.

Hasta el presente los grandes atracadores conocidos son funcionarios gubernamentales, que dudo alguno sea un deportado, pero sĆ­ a muchos les ha sido retirada su visa americana por la evidencia pĆŗblica de su actividad delictiva, mientras los tribunales del paĆ­s los cubren con el manto de la impunidad.

Los grandes casos de drogas estÔn relacionados con oficiales policiales y militares, que hasta donde yo sepa tampoco caen en la categoría de deportados. Los atracos callejeros estÔn relacionados con jóvenes a quienes el Estado les niega oportunidades de empleo y educación.

Reducir el crimen en el país implica atacar de lleno a la corrupción y la impunidad que la cubre, ofrecer oportunidades de estudio y empleo a la juventud, fortalecer la integridad de los cuerpos policiales mediante salarios y profesionalismo, y que el liderazgo político y empresarial asuma en su vida privada y pública los valores de la honradez y la sencillez de vida.

Lo que hasta ahora he escuchado en los medios de comunicación son tonterías para mantener la situación presente de inseguridad ciudadana y expoliación de los contribuyentes.

Y un hecho de la mayor gravedad posible es que el Presidente de todos los dominicanos y dominicanas acuse de criminales a un sector de la población que él ha jurado solemnemente proteger y garantizar sus derechos bajo el amparo de la Constitución.

Nunca debió emitir ese juicio carente de fundamento y traicionando su responsabilidad constitucional. Su deber es garantizar la seguridad ciudadana tomando medidas que respondan a las verdaderas causas y obligando al ministerio público, que estÔ bajo su mando, a perseguir los verdaderos maleantes, aunque sean parte de su gobierno o su partido.

Y ademÔs crear las condiciones sociales y económicas para que no se generen actividades delictivas debido a la desigualdad social, especialmente entre los jóvenes.

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