Envidio al perro callejero
Confieso que en
mi próxima vida (si es que hay más) me gustaría ser perro callejero sin nombre,
sin patria, sin dueño y sin rumbo fijo.
Me ahorraría las preocupaciones
ciudadanas, reprimir instintos naturales (por razones falsamente éticas y
sospechosamente morales), ropa, calzado, pagar casa, transporte, diversiones,
salud y educación, alcanzar la felicidad del amor con demasiadas promesas y
trámites protocolares, cepillarse tres veces diarias, etcétera, etcétera...
(Ser perro callejero es un gran salto reivindicativo, aunque haya que cargar
unas cuantas pulgas y soportar de vez en cuando un par de patadas).
Por Ramón
Colombo
(Fuente: El Caribe)







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