¡Quirino no puede morirse!
En ninguna sociedad del mundo un delincuente
confeso y convicto tiene fe pública y sus testimonios sólo se valoran
cuando son formulados bajo el rigor del juramento en una corte porque la
mentira se tipifica como perjurio, un delito que agrava la imputación
original.
Después que está en la calle, la palabra de un
delincuente confeso vale menos que un pedazo de papel sanitario en el
cesto de la basura, porque ese tipo de persona suele desbarrar contra
cualquiera por venganza o por encargo de terceros.
El caso de
Quirino es peculiar por tratarse de un eslabón en una gruesa cadena
mafiosa que operó un negocio de grandes volúmenes de drogas enviadas a
los Estados Unidos, que fue extraditado y su expediente manejado casi
clandestinamente por la justicia norteamericana que pactó la atenuación
de su sentencia por la identificación de sus compinches.
Se trata
de una figura que en la justicia norteamericana se conoce como “programa
de protección de testigos” y que existe desde la época en que las
familias sicilianas dominaban los bajos fondos de la mafia neuyorquina
desde la época de John Edgar Hoover en el FBI.
... Se trata de un
juego peligroso porque la vida de quien se acoge a ese “caliesaje” vale
menos que una guayaba podrida, como decimos en buen dominicano. Por eso
los americanos suelen cambiar la identidad de esa gente y confinarla a
lugares apartados.
En el mundo mafioso al que pertenece Quirino, a
individuos de su calaña les “limpian el pico”, para utilizar su propia
jerga, y por eso los americanos les brindan protección por cierto
tiempo. Después, los consideran fichas de descarte y se los dejan a la
jauría...
¡Sólo una advertencia...!
En el caso de las “declaraciones espontáneas” de Quirino contra Leonel saltan a la vista algunos elementos que bien vale la pena poner bajo la lupa para adelantarnos a ocurrencias fatales sobre las que es necesario alertar.
¿Quién
sería el culpable si a Quirino le “limpian el pico”, sea ahora o cuando
lo manden para su país, dizque en el mes de marzo...?
La
respuesta es sencilla: Leonel Fernández... Aunque Leonel Fernández no
haya matado nunca una mosca a pesar de que por 12 años ha sido
Presidente de la República.
Sólo pensar en semejante ocurrencia le
hace daño a Leonel... En un caso tan macabro tendría Leonel que
demostrar su inocencia frente a una opinión pública con propensión a ser
manipulada con sólo poner en antena el testimonio de un delincuente.
Porque
la ecuación es simple: Quirino es objetivo de la mafia, por traidor;
Leonel es objetivo de la caverna política, por su potencialidad para
volver. ¡Matan dos pájaros de un tiro!
El caso de Argentina...
Contra Leonel falta poco por hacer para descalificar su retorno.
Un
plan de tal naturaleza no puede ser descartado bajo ninguna
circunstancia, con lo que tendríamos que el futuro de un líder como
Leonel viene casi a depender de un delincuente que hipotecó su vida con
la mafia y denunció a matones crueles que buscarán venganza.
Por ahí pudiera andar el origen de la perversidad...
No
es una fantasía burda...existe un montón de casos parecidos. Pero el
más reciente y próximo lo tenemos en Argentina: ¿No trata Cristina
Fernández de demostrar que ella no mató a Nisman?
Lo que está claro es que Quirino no se puede morir...Aunque la mafia lo haya sentenciado.








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